Clientes de confianza
05 de febrero de 2010
Mirando al mar
Conozco gente del sector que ha tenido que volver a los despachos, tras años de estar jubilado, a pedir trabajo, para sus hijos. Otros han recortado su salario y su sueldo hasta el extremo. Empresas de varias generaciones que han tenido que cerrar. Concursos de acreedores, en los que el premio es cobrar la mitad de tu dinero, dentro de cinco años. EREs de esos en los que el paro tarda seis meses en cobrarse. Directivos a los que se les ha acabado el trabajo, el paro, el subsidio y la posibilidad de que le vuelvan a contratar, porque son jóvenes para jubilarse pero viejos para trabajar. Los que sobreviven, en su mayoría, lo hacen en empresas que han tenido que bajarse los pantalones hasta enterrarlos. Poner precios en los que el mayor logro es no perder demasiado dinero. Multiplicar la calidad del servicio para que los clientes dejen de oír los cantos de sirena de la machacona competencia… En este panorama, un aspecto que distingue a las empresas que están saliendo delante de las que se quedan por el camino son los clientes de confianza. Contar con buena clientela está prolongando la vida de muchos garitos. El cliente de confianza es un activo que no se alcanza de la noche a la mañana, sino que madura a base de ofrecerle un buen servicio a un buen precio durante muchos años. Sólo así se puede conseguir ese tesoro, esa clientela con valor añadido extra. El principal valor de este tipo de clientela es que, sencillamente, quieren seguir siendo clientes tuyos. Para ello, cuando les llega otra oferta que puede ser hasta más ventajosa para sus intereses, lo que suelen hacer ese tipo de clientes es darle la opción a su proveedor de confianza de ajustar su oferta a la que les propone la competencia. Por la sencilla razón de que, por variados motivos, quieren seguir trabajando con ese proveedor. Otras muchas empresas no han contado con ese privilegio, inmenso en estos tiempos, y, sencillamente, han perdido la clientela. Conseguir que un cliente te diga en qué condiciones seguiría contigo, es valiosísimo siempre, y vital en estos tiempos. Desperdiciar esa voluntad de un cliente de querer seguir siéndolo es un lujo absoluto. Quien pueda, en febrero de 2010, pasar de los clientes, es que puede pasar de todo. En una época de tensión como no he conocido otra, el imaginar que se pueda vivir relajado me genera una envidia rotunda. ¿Se imagina el amigo lector cómo será eso de vivir y trabajar sin tensión, en estos tiempos, cuando la cotización del puesto de trabajo está más alta que nunca? Ocurre que igual que no somos capaces de conceptuar ese mundo idílico relax, tampoco podemos esperar que, por mucho que se le explique, una persona con trabajo garantizado sea capaz de imaginar qué es eso de que esté en peligro el pan de cada día. No hay forma. Aunque afirmen unos y otros que entienden perfectamente el asunto, no es verdad. Para entenderlo hay que sentir que la posibilidad de que te coja el toro existe realmente. Sospecharlo desde la barrera no es lo mismo que a porta gayola.