De culo y sin frenos
08 de febrero de 2010
Desde mi sillón
Mira que he dado vueltas y vueltas para encontrar hoy algo interesante sobre logística o transporte de lo que hablar. Pero, para ser sincera con ustedes, no se me ha ocurrido nada. La influencia mediática en mi cerebro no hace más que traerme al primer plano de los pensamientos la tormenta que está cayendo sobre la maltrecha economía española.
Desde luego, no ganamos para sustos. Tengo la sensación, y seguro que a muchos de ustedes les pasa igual, de estar montada en una montaña rusa. Unos días, vamos subiendo poco a poco y renqueantes hacia la cumbre, pensando que ya no estamos lejos de divisar esa ansiada salida de la crisis. Pero luego, de repente, empezamos a caer rápido en picado–de culo, cuesta abajo y sin frenos, como se dice vulgarmente–, porque empiezan a llover noticias devastadoras.
El número de desempleados no para de crecer, nuestro Ibex-35 se desploma, unos miembros del Gobierno anuncian medidas que inmediatamente después otros desmienten, la oposición aprovecha el tirón para lanzar mensajes apocalípticos, los sindicatos empiezan a amenazar, aunque tímidamente, eso sí, con una huelga general, y nos llueven los tirones de orejas de los principales organismos económicos internacionales.
La verdad es que lo que pasó la semana pasada parece difícil de atajar. La única receta o, por lo menos, la que parece más válida en estos momentos, es que el presidente del Gobierno logre convencer al mundo de las finanzas de que las cuentas españolas, con un déficit público próximo al 10%, van a estabilizarse en un plazo corto de tiempo.
Pero a estas alturas de la película, la verdad es que cuesta creer que esto sea así.
En medio de tanta incertidumbre, por no decir del pánico, llegaba el optimismo de uno de los banqueros más reputados a nivel internacional, el señor Botín, quien optó por echar una mano al Gobierno asegurando que las medidas presentadas iban en la buena dirección. El presidente del Banco Santander aseguró que estas medidas iban a contribuir a reforzar la credibilidad internacional de España.
Sinceramente, el jueves él era el único que parecía pensar así. Aunque teniendo en cuenta su demostrada habilidad y solvencia en temas económicos, a lo mejor deberíamos reflexionar un poco sobre sus palabras y evitar que el pánico logre descontrolar del todo la situación.
Puede que haya llegado el momento de que todos, Gobierno y oposición, sindicatos y empresas, se sienten para lograr un gran pacto económico que marque un rumbo firme que devuelva al sector financiero la confianza en nuestros mercados, que permita volver a sacar la economía a flote y que favorezca que se vuelvan a crear de nuevo puestos de trabajo. Eso sí, en una economía moderna, productiva y bien estructurada.
Arduo trabajo, desde luego, que no va a ser fácil. Pero gobernar no es fácil y, en el caso de los que no gobiernan, tener un compromiso con la sociedad y pasar por encima de los intereses individuales y partidistas para luchar por el interés general tampoco lo es.