La medición de la huella de carbono empieza a ser necesaria
en el sector logístico
Llegó la hora de pensar en verde
ELENA GARCÍA. BARCELONA
Dentro del ciclo de vida de un producto,
la distribución y el transporte tienen un
peso importante en las emisiones de
efecto invernadero y, por ello, desde la
Comisión Europea se intenta incentivar
la medición de la huella de carbono por
parte de las empresas de transporte y
logística para lograr una mayor
eficiencia energética y reducir el
impacto que esta actividad tiene sobre
el medioambiente.
Sin embargo, no son muchas por el
momento las empresas del sector
logístico y de transporte que se han
puesto manos a la obra para medir su
huella de carbono, un proceso que
implica analizar “el ciclo de vida de un
producto o de una actividad con el fin
de determinar los momentos concretos
en que se producen las emisiones
contaminantes, se evalúan
cuantitativamente los impactos
medioambientales concretos, se recoge
información sobre el gasto de energía
que se produce en cada paso concreto
y, posteriormente, se determinan unos
objetivos para la reducción de consumo
de energía”, tal y como se explica en la
guía sobre “La Huella de Carbono en
las actividades logísticas”, editada por
el Centro Español de Logística (CEL) y
la concejalía de Desarrollo Económico,
Empleo, Comercio y Transportes del
ayuntamiento de Coslada (Madrid).
El impacto del transporte sobre el medioambiente es un asunto complejo
y que rápidamente va ganando protagonismo, en muchas ocasiones de
forma negativa, en la agenda pública. Ligado a la necesidad de medir este
impacto, con el fin de poderlo controlar y hacerlo disminuir
progresivamente, apareció hace ya un tiempo el término huella de
carbono que, según la Unión Europea (UE), es la suma de gases de efecto
invernadero asociados a un producto a lo largo de toda su cadena de
suministro.
El control de la huella de carbono
puede conseguirse mediante el control
de gasto energético, buscando la
eficiencia; a través de la sustitución de
fuentes de energía fósiles por otras
renovables y menos contaminantes;
con la elaboración de estudios de
compensación de emisiones
contaminantes o bien a través de la
“definición de proyectos ex novo que
tengan en cuenta desde un principio
su impacto medioambiental”, tal y
como indica esta guía.
Beneficios palpables
Aunque el objetivo principal de la
medición de la huella de carbono es
lograr la reducción de la emisión de
gases contaminantes, las empresas
deben tener claro que este no es el
único beneficio que pueden obtener.
Así, este tipo de actuaciones,
enmarcadas dentro de la
responsabilidad social corporativa,
permiten a las compañías e
instituciones que las llevan a cabo
mejorar en términos de imagen, tanto
de cara a los clientes como a
proveedores y socios.
Y es que los cargadores “buscan
proveedores de servicios logísticos
concienciados del impacto
medioambiental que tienen sus
actividades y que inviertan en
conseguir mejoras, en
evolucionar, en la adquisición de
equipos más modernos y menos
contaminantes, o en la obtención
de certificaciones que garanticen
su gestión medioambiental”,
señalan desde el CEL.
La presión que la actividad
logística y de transporte recibe
para reducir su impacto
medioambiental va a ir en aumento
en los próximos años, por lo que
será necesario destinar todos los
recursos posibles a lograr,
principalmente a través de la
tecnología, “buscar un balance
adecuado entre nivel de servicio,
tiempo de respuesta y consumo
energético”, concluyen desde el
CEL.
Una medida única
Los cargadores quieren que Europa consensue una única forma de medir la huella de
carbono de la actividad que desarrollan los operadores logísticos. Hasta la fecha, se
carece de un estándar a nivel europeo o internacional que permita realizar estas
mediciones siguiendo una metodología de cálculo única. Ante esta situación, la
iniciativa SmartWay Europe Working Group, en la que se integran más de 50
cargadores internacionales, transportistas, proveedores de servicios logísticos y
asociaciones del sector, se creó para mejorar las prácticas del transporte de
mercancías por carretera en Europa, de forma que éste sea más eficiente y menos
contaminante. La idea incluye el desarrollo de una herramienta para la medición de la
huella de carbono en el transporte de mercancías que permita fijar un modelo común y
claro para recolectar, analizar y validar los datos obtenidos. El programa SmartWay
redundará en una mayor credibilidad, datos de mejor calidad y menos esfuerzo en su
recolección y en la implantación de políticas de mejora.
El Puerto de Barcelona está desarrollando una herramienta que permite
realizar el cálculo de lo que contamina una cadena logística. Es una de
las aportaciones del enclave a la lucha por el descenso de las
emisiones contaminantes en el transporte.
Simport es una herramienta que nació como modelo de previsión
estratégica del Puerto de Barcelona. Cuenta con datos socio-
económicos y de infraestructuras viarias, ferroviarias y marítimas así
como de bases de datos de comercio a nivel mundial y realiza análisis
de capacidad de las redes de transporte y del alcance del hinterland,
tanto para diagnosticar situaciones actuales como escenarios futuros.
Simport analiza también la demanda y la oferta teniendo en cuenta todo
el sistema portuario europeo, dando una visión completa de las
cadenas de transporte. Al introducir datos medioambientales, “Simport
es capaz de calcular la Huella de Carbono de las cadenas logísticas,
incluyendo todos los tipos de transporte”, explica Carles Rúa,
responsable de Proyectos Estratégicos e Innovación del Puerto de
Barcelona. La herramienta “calcula la contaminación de cada cadena
logística y, de hecho, ya hemos hecho los cálculos para algunos de los
clientes más representativos del puerto”, añade Rúa.
Se trata de una herramienta que permite promocionar el Puerto de
Barcelona ante empresas significativas, pero los responsables del
enclave también quieren poner el Simport a disposición de clientes de
tamaño pequeño y mediano. “Probablemente a través de web, se podría
hacer la herramienta accesible a todos los clientes, ofreciéndose
comparativas con otros puertos. Es algo en lo que trabajamos y que
El Puerto de Barcelona calcula la huella de las cadenas
logísticas de sus clientes
confiamos en que esté listo en unos meses”, explica el
responsable de Innovación del enclave.
El Puerto de Barcelona es más competitivo que otros puertos
europeos en muchos tráficos y esta es una de las cosas que se
quieren probar con esta nueva herramienta, que está siendo
validada por un organismo independiente, la Universitat
Politècnica de Catalunya (UPC), para garantizar su rigurosidad.
Aunque Carles Rúa advierte de que no existe una normativa
general ni estándares internacionales para realizar los cálculos
sobre la Huella de Carbono y que, además, los datos son
revisables debido a las mejoras técnicas que se introducen en
los diferentes modos de transporte, que hacen que los niveles
de contaminación bajen año a año.
Con el desarrollo de esta herramienta, el Puerto de Barcelona
actúa a dos niveles. Por un lado, a nivel estratégico, ya que con
ella “se quiere concienciar de que, para determinados tráficos,
los puertos de la fachada sur europea son más eficientes
medioambientalmente que los del norte”. Por otro, a nivel de
clientes, es sin duda “una herramienta comercial para calcular el
consumo de CO2 de su cadena logística”.
Y es que, “si no se hace nada, con el equilibrio actual de tráficos
marítimos norte-sur, en 2020 se triplicarán las emisiones de CO2
en Europa en vez de reducirlas un 50%, como pretende la Unión
Europea”.
El Puerto de Valencia lidera, desde 2009 Climeport, un
proyecto que cuenta con el aval del Fondo Europeo de
Desarrollo Regional y que tiene además otros socios
como la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras; la
Autoridad portuaria de Marsella-Fos; Puerto de Koper;
Autoridad Portuaria de Livorno; Puerto de El Pireo;
Agencia Valenciana de Energía; Goriska Local Energy y
el Instituto de Tecnología eléctrica.
Globalmente, los objetivos del proyecto son: evaluar la
contribución de los puertos mediterráneos al cambio
climático; definir las posibilidades de armonización de las
políticas europeas y nacionales y las medidas relativas a
las estrategias del puerto para combatir el cambio
climático; diseñar planes de acción centrado en las
actividades que afectan el medio ambiente y la sociedad;
evaluar los costos y beneficios derivados de los planes de acción adoptados y estudiar las tecnologías de última generación y
el desarrollo de iniciativas piloto basadas en sistemas de energía eficientes.
Pasar a la acción
El proyecto se está desarrollando en varias fases. Durante el pasado ejercicio, por ejemplo, se completaron seis informes de
diagnóstico sobre las emisiones de efecto invernadero en los puertos de Algeciras, Valencia, Marsella, Livorno, Koper y Pireo.
Asimismo, se realizó el cálculo de la huella de carbono de los 6 recintos participantes.
De la misma forma, ya se han seleccionado y priorizado las “buenas prácticas” e identificado las “mejores prácticas”, se han
elaborado planes de acción comunes así como planes específicos para cada puerto.
El caso de Valencia
El Puerto de Valencia, en el marco de Climeport, ya ha tomado medidas destinadas a reducir el impacto de su actividad. Así,
por ejemplo, ha diseñado y está implementando zonas verdes para la captura de CO2; asimismo ha tomado medidas para
reducir las emisiones de CO2 en la flota de vehículos (a través de la sustitución paulatina del actual parque móvil, impulsado
por combustibles fósiles, por vehículos impulsados por energía eléctrica) y está monitorizando el consumo energético (el
departamento de Políticas Ambientales de la APV con el desarrollo de varios de sus proyectos, está ofreciendo a las empresas
de la Comunidad Portuaria un servicio de asesoramiento en materia de medioambiente y eficiencia energética). Estos
servicios se orientan a potenciar sus sistemas de gestión, con el fin de obtener una mejora significativa en cuanto a la gestión
y control de sus aspectos ambientales asociados, así como a lograr reducciones significativas de sus consumos energéticos.
Está previsto que las fases de actuación del proyecto Climeport concluyan este mismo año con las validaciones técnicas y el
informe de transferencia de los proyectos piloto
Climeport, un proyecto
referente de vanguardia
Tuscor Lloyds se va a convertir en una de las primeras compañías del sector logístico
español en tener la certificación de la Huella de Carbono. La diferenciación de sus
competidores desde un enfoque medioambiental es uno de los principales objetivos que
han llevado a esta compañía a tomar la decisión.
Sin embargo, también entran en juego otros aspectos importantes, tal y como explica
Borja Pelayo, director de la compañía en Madrid. “El objetivo de la certificación de la
Huella de Carbono es, fundamentalmente, adelantarnos a la normativa internacional
sobre emisión de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, adelantarnos al resto
de empresas de nuestro sector”.
Países como Estados Unidos o Francia pedirán esta certificación en los próximos años y,
de esta forma, “clientes premium no serán multados y obligados a pagar aranceles al
importar”, añade Pelayo.
Posicionar a Tuscor Lloyds como empresa socialmente responsable es, indudablemente,
importante, pero no es solo cuestión de imagen ya que el responsable de la compañía en
Madrid quiere colaborar activamente con el medio ambiente. “No solo nos preocupa el
servicio, sino que también nos responsabilizamos del medio ambiente en nuestra actividad”, insiste Pelayo.
Ser una de las empresas más “verdes” constituye, también, un paso más dentro de la política de responsabilidad social
corporativa (RSC) de Tuscor Lloyds, compañía que no duda en que “una vez que pase esta crisis, solo quedarán empresas
fuertes con buen servicio o producto, por lo que debemos adelantarnos y buscar otra vía de diferenciación frente a la
competencia”.
Es importante avanzarse “a las exigencias de nuestros clientes premium que, a lo largo de 2012 empezarán a obligar a sus
proveedores a tener el certificado de Huella de Carbono”, explica el responsable de la compañía en Madrid, quien incide
también en que “si nos adelantamos a su normativa, les llamaremos la atención positivamente”.
El camino que llevará a Tuscor Lloyds a ser uno de los primeros operadores logísticos de España en contar con esta
certificación es largo. Pero para ello cuentan con la ayuda de la consultora Agora Solutions. Los pasos principales del proceso
son:
1.
Iniciar el estudio de todas las variables y parámetros necesarios para lograr la certificación de la Huella de Carbono, así
como de la ISO 9001, que Tuscor Lloyds también quiere obtener. Esto incluye el estudio de oficinas, empleados,
instalaciones o consumo energético, entre otros.
2.
Conseguir valores reales sobre el consumo energético y la actividad de la compañía.
3.
Analizar todas estas variables, determinar la huella de carbono de la empresa y proponer soluciones para ahorrar
energía, con “un compromiso de reducción del 2% para este año”, precisa Pelayo.
4.
Redacción de un informe para presentar a la certificadora que tramite las certificaciones.
Una empresa pionera en España:
el caso de Tuscor Lloyds