MADRID. Señala Mascaraque que “la principal dificultad es poder operar con un flujo normal, el mantenimiento de las rutas se está realizando a través de hubs alternativos como Estambul o Baku por el norte, también en determinados momentos a través de Jeddah, Sharjah, Oman más hacia el sur, aunque sufriendo las mismas consecuencias de estos cierres intermitentes al estar en la zona de conflicto”. En consecuencia, “esto incrementa el riesgo de poder dejar el avión con la operativa colgada en el aeropuerto afectando a pasaje y carga. En otros casos, las aerolíneas tienen que planificar una ruta directa, lo que impacta en los costes operativos al tener que incrementar el volumen de combustible; lo cual impide optimizar el avión con más carga al tener que vigilar el peso del conjunto, siendo también es un desafío para el planner del avión”.