El conflicto en Oriente Medio ha irrumpido en el transporte aéreo de mercancías provocando una reducción significativa de capacidad, cambios en las rutas y un aumento de los costes operativos. En este contexto, el sector se ve obligado a adaptarse con rapidez para garantizar la continuidad de los flujos logísticos, especialmente en los segmentos más sensibles como el farmacéutico o los perecederos.
madrid. Lo que está ocurriendo en Oriente Medio ha impactado de forma directa en los principales hubs logísticos del Golfo, obligando a aerolíneas y operadores a rediseñar rutas, ajustar capacidades y reforzar la flexibilidad operativa.
Rubén Mascaraque Alonso, Corporate Airfreight Product Manager, analiza para Diario del Puerto las primeras consecuencias de esta crisis y advierte de posibles efectos en cadena si la situación se prolonga.
Uno de los impactos más inmediatos ha sido la reducción de la capacidad disponible en el transporte aéreo global. Según explica Mascaraque, “en el momento que estalló el conflicto y comenzaron los cierres del espacio aéreo, se estima que afectó a un 13% de la capacidad global llegando al 18% al término de la semana”. Esta situación ha afectado especialmente a hubs clave como Dubái, Doha o Abu Dhabi, nodos fundamentales en las conexiones entre Asia y Europa. Aerolíneas como Emirates, Qatar Airways o Etihad han tenido que cancelar operaciones o rediseñar rutas. Mascaraque detalla que estas modificaciones no son neutras desde el punto de vista operativo: “Impacta directamente en extender los tiempos de vuelo, el incremento de los costes operacionales de la propia aeronave y el incremento del volumen de fuel”.
También se están produciendo desvíos hacia el sur, con operaciones a través de Arabia Saudí u Omán
Además, el mayor peso del combustible limita la capacidad de carga, reduciendo aún más la oferta disponible.
Ante el cierre parcial del espacio aéreo en Oriente Medio, las aerolíneas han optado por rutas alternativas a través de Asia Central. En este contexto, aeropuertos como Estambul o Bakú están reforzando su papel como nodos logísticos estratégicos. “Estambul (Turquía) o Bakú (Azerbaiyán) están actuando como hubs que están absorbiendo estos volúmenes extra”, señala Mascaraque.
El directivo de Tiba subraya que estos enclaves ya habían ganado relevancia tras el conflicto entre Rusia y Ucrania, y ahora consolidan su posición como corredores clave entre Europa y Asia.
También se están produciendo desvíos hacia el sur, con operaciones a través de Arabia Saudí u Omán, aunque estos destinos no están exentos de incertidumbre por su proximidad al área de conflicto.
A pesar de la disrupción, la demanda de transporte aéreo se mantiene firme, especialmente en sectores sensibles. “La industria farmacéutica o los perecederos no pueden tener transportes alternativos debido a las características de sus mercancías”, explica Mascaraque.
Otros sectores como el e-commerce, retail o tecnología también dependen del modo aéreo, aunque aquí el impacto se traduce principalmente en retrasos y aumento de costes.
Rubén Mascaraque destaca que la adaptabilidad sigue siendo la principal fortaleza del sector.
“La flexibilidad y adaptabilidad del producto aéreo a entornos cambiantes no es una opción, es el camino”, subraya.
El e-commerce, retail o tecnología dependen del modo aéreo, víctimas de retrasos y aumento de costes
En paralelo, esta situación está impulsando soluciones que combinan transporte marítimo, terrestre y aéreo para optimizar costes y tiempos.
El incremento de vuelos cargueros aparece como otra posible respuesta a la pérdida de capacidad, pero con limitaciones. Mascaraque recuerda que “más del 60% de la carga se mueve en vuelos de pasaje”, lo que evidencia la dependencia de esta capacidad.
Aunque la operativa carguera ha crecido en los últimos años, no es suficiente para absorber toda la demanda desplazada. Además, presenta un inconveniente clave: “Los costes en la operativa de carguero son superiores a los costes de los vuelos de pasaje” y esto restringe su uso a mercancías de alto valor o urgencia. En el caso de la operativa aérea en España, se caracteriza actualmente por la inestabilidad, y el espacio aéreo permanece parcialmente abierto con cierres intermitentes que obligan aestar preparados.
Riesgo de congestión a medio plazo
Por el momento, señala Rubén Mascaraque, Corporate Airfreight Product Manager de Tiba, no se han detectado niveles significativos de congestión en terminales de carga, pero el sector anticipa posibles tensiones en las próximas semanas. “No se está produciendo especialmente congestión, pero esto es un efecto embudo que irá llegando sucesivamente si el conflicto sigue extendiéndose”, advierte Mascaraque. A ello se suma el posible trasvase de mercancías desde el transporte marítimo al aéreo, lo que aumentaría la presión sobre la capacidad disponible.
Por otro lado, en cuanto a monitorización y planificación, la recomendación del sector de la carga aérea pasa por tener capacidad de operar con anticipación y flexibilidad, “estar preparados en momentos de incertidumbre”.
En este contexto, Rubén Mascaraque ha trasladado a Diario del Puerto su consideración de que será clave “trabajar con una previsión de pedidos de carga con una ventana de tiempo amplia y contar con todas las soluciones logísticas disponibles”.