La fortaleza exportadora del sector hortofrutícola español descansa sobre un pilar sin el cual sería imposible mantener la competitividad internacional: el transporte frigorífico por carretera.
MADRID. La carretera es un eslabón esencial en la cadena de suministro de productos perecederos que opera bajo una presión creciente de costes, exigencias normativas, retos medioambientales y, sobre todo, una preocupante escasez de conductores profesionales.
En un contexto en el que más del 85% de las exportaciones hortofrutícolas españolas se dirigen a mercados europeos, la carretera sigue siendo el modo de transporte dominante. La rapidez, flexibilidad y capilaridad del camión frigorífico lo convierten en la opción más eficiente para conectar las zonas productoras con los centros de consumo del continente.
Demanda contenida
Los últimos datos disponibles apuntan a una ligera disminución de las toneladas transportadas en comparación con el ejercicio anterior, en línea con la estabilidad de los volúmenes exportados. Así lo explica Manuel Perezcarro, secretario general de CETM Frigoríficos: “Los datos de exportaciones hasta el mes de septiembre reflejan una ligera disminución de las toneladas transportadas respecto al año anterior”.
Sin embargo, esta moderación de la demanda no ha reducido las tensiones del sector. Al contrario, los problemas actuales tienen un origen estructural. “De mantenerse esta tendencia, las tensiones que puede sufrir el sector frigorífico no vendrán tanto por la demanda como por otras causas, como la escasez de conductores”, advierte Perezcarro.
La falta de profesionales ha llegado a provocar que, en plena campaña de invierno, haya camiones frigoríficos parados, una situación especialmente crítica en un sector donde el factor tiempo es determinante.
Costes al alza
El transporte frigorífico opera con márgenes muy ajustados. Aunque el precio del gasóleo se ha mantenido relativamente estable en los últimos meses, otros costes han aumentado de forma significativa. “El gasóleo se está manteniendo estable, y eso es lo más importante porque permite planificar sin sobresaltos”, señala Perezcarro, “pero el resto de componentes del coste han subido, y es la mano de obra la que más incide en estos momentos, incluso por encima del carburante”.
A estos incrementos se suman los costes de mantenimiento de los equipos frigoríficos, la renovación de flotas y la adaptación constante a nuevas normativas. Desde el sector insisten en la necesidad de adecuar los precios del transporte a la realidad de los costes, algo que no siempre resulta sencillo en un mercado altamente competitivo.
EN DESTACADO
Manuel Perezcarro
secretario general CETM-Frigoríficos
“Hacer previsiones a dos años en un sector que depende del clima, del agua y del mercado es prácticamente imposible”
Normativa y certificaciones
El cumplimiento del ATP, junto con las auditorías cada vez más exigentes de clientes y distribuidores internacionales, ha elevado el listón operativo del transporte frigorífico. En este contexto, la certificación IFS se ha convertido en un estándar casi imprescindible. “Cada vez son más las empresas de transporte frigorífico que disponen de la certificación IFS, exigida por minoristas y fabricantes para acceder a sus cadenas de suministro”, explica el secretario general de CETM Frigoríficos.
Estas certificaciones garantizan aspectos como la trazabilidad, la higiene y el control de temperatura, pero implican inversiones continuas en procesos, formación y tecnología, especialmente gravosas para las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la mayor parte del tejido empresarial del sector.
Brexit y sostenibilidad
En el ámbito intracomunitario, la libre circulación de mercancías minimiza los cuellos de botella. Sin embargo, el escenario cambia en las exportaciones al Reino Unido. “Los mayores problemas se han sufrido con las exportaciones al Reino Unido tras su salida de la UE”, recuerda Perezcarro, aunque matiza que estos obstáculos “no tienen impacto alguno en la calidad del producto, aunque sí añaden un coste logístico”. La fiabilidad del servicio sigue siendo uno de los principales valores diferenciales del transporte frigorífico español, especialmente frente a destinos donde los tiempos de tránsito son críticos.
Por otro lado, en materia de sostenibilidad, la reducción de emisiones es una exigencia creciente por parte de clientes y administraciones, pero el sector reclama soluciones viables. “En el transporte urbano de distribución es posible utilizar vehículos eléctricos, aunque con dificultades y costes elevados”, explica Perezcarro, “pero en el transporte de larga distancia no existe alternativa real al vehículo de combustión”.
Los combustibles alternativos, como el HVO, se perfilan como una solución intermedia, mientras se confía en los avances tecnológicos para reducir las emisiones de los motores tradicionales. “Por fin la UE ha rectificado alargando los plazos para la fabricación de vehículos de combustión”, añade.
En lo que respecta al control por parte del cliente, sus exigencias no dejan de aumentar. “Algunos clientes exigen el cálculo de la huella de carbono, y el transportista tiene que facilitárselo”, explica el secretario general de CETM Frigoríficos. En otros casos, son las propias empresas de transporte las que ofrecen este dato como valor añadido, en un intento de diferenciarse.
En este contexto, el futuro se muestra incierto ya que la competencia de flotas del Este de Europa ha perdido intensidad con el paso del tiempo. Tal y como señala el entrevistado a este medio, “hubo momentos en que fue brutal, pero a medida que estos países han prosperado y ya no son tan competitivos en condiciones laborales, han variado su mercado”, apunta Perezcarro. Por esta razón, el sector ha de ser prudente y “hacer previsiones a dos años en un sector que depende del clima, del agua y del mercado es prácticamente imposible”. Eso sí, identifica con claridad el principal desafío: “El mayor problema al que se enfrenta el sector es la escasez de conductores. Es imprescindible que se impliquen todos los actores: Administración, cargadores y transportistas”.
Con todo ello, el transporte frigorífico por carretera no solo mueve mercancía, sino que garantiza que el producto español llegue a destino con la calidad exigida por los mercados internacionales, sosteniendo la reputación del sector hortofrutícola. En un contexto de creciente competencia global, su papel seguirá siendo decisivo para mantener el liderazgo exportador de España.
Las nuevas tecnologías también desafían a la carretera
La digitalización es otro de los grandes retos pendientes del transporte frigorífico por carretera. Tecnologías como sensores de temperatura, IoT o telemetría permiten un control en tiempo real de la mercancía, pero su implantación no es homogénea. “No son muchas las empresas que tienen implantada esta tecnología, que está al alcance principalmente de las grandes flotas”, reconoce Manuel Perezcarro, secretario general de CETM Frigoríficos, ya que “las pequeñas y medianas empresas tienen mayores dificultades, tanto por el coste de las inversiones como por la capacitación del personal y la escasa digitalización existente”.
Por ello, la futura obligatoriedad de la carta de porte electrónica se perfila como un punto de inflexión. “La e-CMR va a constituir un antes y un después para implantar nuevas tecnologías y facilitar la interoperabilidad entre los distintos modos de transporte”, subraya.
No hay que olvidar que el e-CMR es la versión digital de la tradicional Carta de Porte CMR, un documento esencial en el transporte internacional por carretera, que formaliza el contrato entre cargador, transportista y destinatario, y regula la responsabilidad sobre las mercancías. Este formato electrónico, regulado por el Protocolo e-CMR de 2008, elimina el papel, mejora la agilidad, trazabilidad, seguridad y automatiza procesos, permitiendo el intercambio de información en tiempo real entre todos los actores logísticos y autoridades.