La circulación ferroviaria del conocido tren de la potasa entre Súria y el Puerto de Barcelona ha quedado plenamente restablecida tras el sabotaje sufrido este fin de semana en el tramo de Callús. Pese a la rápida actuación, el sabotaje dejó algunas afectaciones durante el fin de semana.
BARCELONA. La actuación de emergencia de los equipos de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) permitió recuperar el servicio en pocas horas, aunque el incidente ha abierto un nuevo foco de preocupación sobre la vulnerabilidad de una infraestructura estratégica como esta.
El ataque se produjo en el marco de una protesta contra la actividad de la multinacional minera ICL, en Súria, en una de las líneas regulares entre Puerto de Barcelona y el municipio del Bages. Un grupo de activistas vinculados al movimiento Revoltes de la Terra desmontó varios tramos de vía, dejando inutilizable la línea ferroviaria que conecta las minas de potasa con el puerto. Generalitat de Catalunya calificó los hechos de sabotaje y anunció acciones legales. “Se presentará denuncia; los hechos son muy graves. La protesta es legítima, pero esta acción es punible”, afirmó el secretario de Movilidad, Manel Nadal.
Rápida respuesta
La respuesta técnica fue inmediata. Operarios de FGC trabajaron durante toda la noche del sábado al domingo para reparar los daños y garantizar la reanudación del servicio. Gracias a esta intervención intensiva, la línea pudo volver a estar operativa en menos de 24 horas.
Según ha detallado la propia compañía a este Diario, la afectación sobre el servicio fue limitada. Ante el aviso de los Mossos d’Esquadra por posibles cortes, FGC suprimió dos circulaciones el sábado por la tarde y dos más el domingo por la mañana, con cuatro servicios afectados. A partir del mediodía del domingo, la operativa se restableció con normalidad.
Más allá de la rapidez de la reparación, el incidente tuvo efectos colaterales relevantes. El sabotaje provocó también interrupciones en servicios de telecomunicaciones en municipios como Súria y Cardona, evidenciando la interdependencia entre infraestructuras críticas.
La línea del tren de la potasa no es una infraestructura cualquiera. Se trata de un eje logístico clave para el transporte de mineral desde las explotaciones del Bages hasta el Puerto de Barcelona, esencial para la exportación y para la actividad industrial vinculada a la minería. Su interrupción, aunque breve, pone de relieve la fragilidad de ciertos nodos logísticos ante acciones coordinadas.
El sabotaje también ha tenido derivadas institucionales. Además de la denuncia anunciada por la Generalitat, el Ayuntamiento de Callús prevé emprender acciones legales por los daños ocasionados en el municipio, donde se registraron desperfectos en mobiliario urbano y la instalación de barricadas.
Las protestas provocaron la cancelación de dos circulaciones el sábado por la tarde y dos más el domingo por la mañana
En este caso, la rápida actuación de la compañía FGC ha evitado consecuencias mayores, tanto en términos logísticos como económicos para esta línea. Sin embargo, el incidente deja una advertencia clara: la resiliencia del sistema ferroviario depende no solo de su capacidad técnica de respuesta, sino también de su protección de las infraestructuras frente a acciones externas que pueden comprometer su integridad en cuestión de horas.
Una arteria logística clave
El conocido como tren de la potasa, operado por Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya, es una infraestructura esencial para el transporte de potasa desde las minas del Bages hasta el Puerto de Barcelona. Cada año mueve grandes volúmenes de mineral destinados en gran parte a la exportación, mediante trenes de alta capacidad que sustituyen a decenas de camiones por convoy. Esta relevancia se refleja en los datos más recientes: en 2025, Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya transportó 850.680 toneladas de potasa a través de esta línea, lo que la sitúa como la segunda mejor cifra histórica tras el récord de 2024. Además, se registraron 1.110 circulaciones anuales, reflejo de una operativa prácticamente diaria y de alta intensidad. En conjunto, estas cifras confirman el peso estructural del corredor, capaz de sostener un flujo constante de exportación minera y de absorber incrementos de demanda sin perder regularidad.
La actividad minera de ICL Iberia depende directamente de esta conexión ferroviaria para mantener su competitividad. Su integración con el Puerto de Barcelona permite una cadena logística continua y eficiente desde la mina hasta el mercado internacional. Por ello, cualquier interrupción, incluso breve, impacta en un sistema con pocas alternativas equivalentes.