La península de La Magdalena se mostraba, con su vestido verde y azul, simplemente arrebatadora. Complejamente sugerente. Sencillamente, deslumbrante. En la terraza del Real Club de Tenis de Santander, un viernes de primavera a la hora del aperitivo, un Martini invita a vivir. El paisaje, a soñar. Una doble invitación imposible de rechazar.Allí mismo, alrededor de la una del mediodía del pasado 6 de abril, me despedí de Christian Manrique, presidente de la Autoridad Portuaria de Santander. Llámame quince días antes, me dijo en referencia al 22 de mayo; no por las elecciones autonómicas y municipales sino por la última jornada de Liga: Racing de Santander-Athletic Club de Bilbao en los Campos de Sport de El Sardinero. Lo haré, contesté. Tres días más tarde, Manrique comunicaba a Puertos del Estado y al Gobierno de Cantabria su renuncia para pasar a la empresa privada. Manrique cambió de carril...Por supuesto que, tanto yo como el resto de los presentes en el acto de Wallenius Wilhelmsen Logistics que nos reunió aquel día en la Real Sociedad de Tenis de La Magdalena, ignorábamos por completo las intenciones de Manrique. Tal vez él tampoco lo supiera entonces... El caso es que pocas horas después, por la tarde, tomé la A-8 de vuelta a Bilbao, con la imagen de La Magdalena y las palabras de Manrique grabadas en mi memoria. Pasado ya Liendo, a la altura del viaducto de Oriñón, aún en Cantabria, el carril doble se convirtió en único, para hacer sitio al carril reversible que las direcciones de Tráfico del Gobierno Vasco y de Cantabria habían acordado poner en marcha, por primera vez y de forma experimental, aquella misma tarde.¡Vaya, me tocó!, pensé. Novato en estas lides, obligado a conducir por debajo de 80 km/h, luces de cruce encendidas, con coches de frente y los conos de separación pasando a escasos centímetros de mi coche, aferré mis manos al volante mientras mi mente fabricaba conexiones de significados entre los carriles reversibles y situaciones de la vida real. La tesis tendría por título El carril reversible como metáfora del acuerdo y de la transitoriedad de las decisiones.En efecto, el carril reversible Euskadi-Cantabria que estrené el 6 de abril es la evidencia empírica contrastada de una nueva etapa de mayor colaboración y entendimiento entre los gobiernos de ambas comunidades (en los que participa el mismo partido político: PSOE). ¿Habría carril reversible si el PP gobernara en Cantabria o el PNV en Euskadi? ¿O partidos de diferente signo en cada una de estas dos Comunidades? Quiero pensar que sí, que el beneficio común no depende de estas diferencias.El éxito del carril reversible entre Cantabria y Euskadi ha animado ahora a implantarla en la AP-8, en Biriatou, la frontera vasco-francesa. Y claro, uno se pregunta: ¿Tantos años hablando de cooperación transfronteriza y hasta ahora no se había planteado? Precisamente en Irún, el consejero vasco de Transportes, Iñaki Arriola, tenía previsto presentar ayer los resultados del proyecto europeo de cooperación transfronteriza AETN desarrollado por la PLAE. A la espera de conocer los resultados, el carril reversible se me antoja una magnífica metáfora de cooperación transfronteriza, cualquiera que sea la frontera. Y por qué no, también una metáfora de la vida misma. ¿Quién no le dice a Christian Manrique que tal vez algún día tome el carril reversible hacia el Puerto de Santander?