Lo bien hecho, bien hecho está

Fernando VITORIA

| 3 junio 2021 - Actualizado a las 05:20h
Van a volver los cruceros a nuestros puertos y más que todo el impacto económico que puede representar, más allá de la necesaria reactivación de un sector fundamental, a mí me recuerda que la vida sigue, pese a todo. Y aquí estamos nosotros para bebérnosla, a sorbos o a tragos, pero apurando hasta el final.
Van a volver los cruceros a nuestros puertos y más que todo el impacto económico que puede representar, más allá de la necesaria reactivación de un sector fundamental, a mí me recuerda que la vida sigue, pese a todo. Y aquí estamos nosotros para bebérnosla, a sorbos o a tragos, pero apurando hasta el final.

Creo recordar que en alguna ocasión he contado que disfruto, y mucho, viendo en la tele a esas personas que han sido agraciadas con algún premio de la lotería. Esa alegría no me lleva a sacar lo peor de mí en forma de envidia irreprimible, sino que empatizo al máximo y disfruto yo también de esos momentos, aunque sólo sea por imaginar qué sería de mí en esos momentos eufóricos. Lo comprobaré, no sufran.

Hace ya algunos años, poco después de que el puerto de Valencia transformara su dársena interior para permitir el atraque de megayates, me dirigía raudo a una rueda de prensa, acalorado y cargado hasta las cejas de cámaras, flashes, libretas, bolis y todo ello fuera de la mochila como buen periodista con prisas, claro.

A bordo de uno de esos barcos, ni siquiera parecía un grandísimo yate, una joven pareja preparaba una magnífica parrillada a ritmo de playlist de spotify creada específicamente para la ocasión (sí, eso lo pude captar de la conversación en inglés).

Acabada la rueda de prensa, incluso con más prisa que al llegar, me enfilé en dirección a mi coche por donde había llegado, y allí estaba de nuevo la pareja dando buena cuenta de todo el esfuerzo previo de esa parrilla a gas.

No era periodo estival, ni siquiera etapa vacacional, pero allí estaban ellos… más a gusto que un arbusto. No les maldije, como asesoran los expertos en técnicas de liberación de estrés, simplemente recuerdo que me alegré por ellos. Como lo oyen.

Atendiendo los inteligentes consejos de Loli Dolz, que sabiamente me repite que no debería preocuparme ni agobiarme por aquello que no puedo controlar, esa escena idílica a bordo del barquito me produjo más paz que otra cosa.

No era periodo estival, ni siquiera etapa vacacional, pero allí estaban ellos… más a gusto que un arbusto. No les maldije, como asesoran los expertos en técnicas de liberación de estrés, simplemente recuerdo que me alegré por ellos

Desde entonces también cambió radicalmente mi forma de mirar a los cruceros y a los cruceristas. Y no hablo de los cientos de jubilados que inundan nuestros puertos en cada escala y que dignamente se han ganado su derecho a turistear cuándo y dónde les plazca, sino de aquellos infiltrados que, claramente, se nota que el suyo es un viaje “diferente”. “Ole por ti si te lo puedes permitir y te apetece, sí señor”.

El caso es que van a volver los cruceros a nuestros puertos y más que todo el impacto económico que puede representar, más allá de la necesaria reactivación de un sector fundamental, a mí me recuerda que la vida sigue, pese a todo. Y aquí estamos nosotros para bebérnosla, a sorbos o a tragos, pero apurando hasta el final. Por supuesto.

Por cierto, no quisiera acabar esta columna sin reconocer el excelente trabajo profesional que está desarrollando la Autoridad Portuaria de Castellón en materia de comunicación durante todo el lamentable suceso del accidente del buque en el recinto de la capital de La Plana.

Acostumbrados como hemos estado durante años a que las puertas de los puertos se cerraran a cal y canto ante cualquier incidente de estas características, es destacable la permanente puesta a disposición de las autoridades portuarias castellonenses y de su equipo de Comunicación, así como su implicación para dar transparencia y agilidad a la información. Si en ocasiones nos preguntamos cómo podemos mejorar nuestra interacción con la ciudad, aquí tienen un ejemplo perfecto de cómo se hacen bien las cosas, incluso en el peor y más indeseado de los momentos. ¡Mucho ánimo para todos! Empezando, por supuesto, por la familia del estibador desaparecido. Estamos con vosotros.

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