En un sector logístico cada vez más volátil, con presión sobre los costes y necesidad de operar con rapidez, la digitalización se ha consolidado como una palanca clave para ganar eficiencia. En este contexto, compañías como Alpega Group, del que forma parte la bolsa de cargas Wtransnet, han evolucionado desde su papel como simples intermediarios digitales a convertirse en infraestructuras del transporte, capaces de conectar cargadores y transportistas, optimizar operaciones.
BARCELONA. “El sector se enfrenta a una combinación de retos estructurales y de mercado”, explica Olivier Gonon, Chief Revenue Officer de Alpega Group a Diario del Puerto, quien señala entre ellos la escasez de conductores, el aumento de los costes y “una creciente complejidad operativa que está presionando los márgenes en todos los niveles”.
A este contexto se suma un elemento adicional que, según Gonon, está ganando peso: “La volatilidad y el fraude están provocando una creciente erosión de la confianza entre los socios comerciales”.
En un entorno donde “se está pidiendo a los transportistas y a las empresas de envío que actúen con mayor rapidez y eficiencia, a menudo con nuevos socios y a través de las fronteras”, la capacidad de confiar en los interlocutores se ha convertido en un factor crítico.
Este cambio refleja una transformación estructural del modelo logístico. “El transporte ya no se basa en relaciones estables a largo plazo”, afirma. “Las empresas trabajan cada vez más con nuevos socios y con muy poco margen de tiempo para evaluarlos”. En este escenario, añade, “los mecanismos tradicionales de confianza ya no son suficientes”.
“Mejorar la seguridad y construir confianza ya no puede depender de comprobaciones puntuales o relaciones informales”
Es precisamente en este punto donde plataformas digitales como las de Alpega adquieren un papel central. “Mejorar la seguridad y construir confianza ya no puede depender de comprobaciones puntuales o relaciones informales”, sostiene Gonon. “Tiene que ser algo verificable, medible y monitorizado de forma continua”.
Para ello, la compañía ha desarrollado sistemas que permiten estructurar esa confianza. “En nuestra plataforma Wtransnet, cada empresa debe pasar por un proceso de validación que incluye la verificación de licencias, seguros y credenciales antes de poder operar”, explica. A este control inicial se suman herramientas basadas en datos reales de actividad: “incorporamos sistemas de rating basados en el comportamiento y los pagos, lo que permite evaluar la fiabilidad de un socio en cuestión de segundos”.
El objetivo, subraya, es claro: “crear un entorno en el que la velocidad y la seguridad vayan de la mano, permitiendo tomar decisiones rápidas con plena confianza”. La tecnología desempeña un papel clave en este proceso, aunque Gonon insiste en que no es suficiente por sí sola. “El reto no es solo digitalizarse, sino hacerlo de forma que se mantenga la resiliencia y la eficiencia en costes”, señala. En su opinión, el sector aún muestra un grado de preparación desigual: “las grandes organizaciones suelen tener enfoques más estructurados en ciberseguridad, mientras que los pequeños operadores a menudo carecen de recursos o experiencia”.
“El secreto no es solo digitalizarse, sino hacerlo de forma que se mantenga la resiliencia y la eficiencia en costes”
Por ello, Gonon defiende un cambio de enfoque afirmando que “la ciberseguridad ya no puede tratarse como una cuestión puramente técnica. Se ha convertido en una prioridad de negocio”. Esto implica no solo inversión en tecnología, sino también “procesos más sólidos, monitorización continua y una selección más rigurosa de partners”.
El dato
En paralelo, el uso del dato se consolida como un elemento esencial en la toma de decisiones. “El dato ya no es una función de apoyo, es un motor clave del rendimiento”, afirma Gonon, quien subraya que en un sector de márgenes reducidos “cada céntimo cuenta” y es imprescindible disponer de información “granular, precisa y fiable”.
De cara al futuro, la evolución del sector parece clara. “La seguridad, la digitalización y la eficiencia estarán cada vez más interconectadas”, apunta. A medida que se amplía el uso de plataformas digitales, “también crece la superficie de ataque”, lo que obliga a integrar la protección dentro de la propia operativa.
En este contexto, Gonon lanza un mensaje directo a las empresas: “el cambio puede parecer complejo, pero quedarse quieto es un riesgo mayor”. En su opinión, la digitalización bien aplicada permite “operar con mayor confianza, control y resiliencia”, consolidando un modelo en el que la confianza ya no se presupone, sino que se construye sobre datos y procesos.
El fraude en el transporte se vuelve digital
El fraude en el transporte ha cambiado radicalmente en los últimos años, tanto en frecuencia como en naturaleza. “Lo que antes eran incidentes ocasionales se ha convertido en algo mucho más frecuente y complejo”, explica Olivier Gonon, Chief Revenue Officer de Alpega Group.
Pero el cambio más significativo no está solo en el volumen, sino en la forma en la que operan los delincuentes que realizan estos delitos. “Hace una década, los robos eran físicos y visibles, como los asaltos a camiones o la sustracción de mercancía en ruta”, recuerda el Chief Revenue Officer. “Hoy el fraude es más sutil, pero igual de impactante”.
La digitalización del sector ha abierto nuevas vías de actuación frente a estos casos de fraude. “A medida que las operaciones y la comunicación se han trasladado a plataformas digitales, el fraude ha seguido el mismo camino”, señala. Esto implica que, además de proteger la carga, “las empresas deben asegurar identidades, datos y la integridad de las transacciones”.
Entre las prácticas más habituales, Gonon destaca la suplantación de identidad: “los delincuentes se hacen pasar por transportistas legítimos y manipulan plataformas de carga”. Este fenómeno no es exclusivo de la logística, añade, sino que “está ocurriendo en todos los sectores que han adoptado marketplaces digitales”.
El impacto es profundo. Más allá de las pérdidas económicas, el fraude introduce desconfianza y dificulta la operativa diaria. “Las empresas necesitan moverse rápido, pero no siempre tienen las herramientas para evaluar con quién están trabajando”, apunta.
En este contexto, la lucha contra el fraude deja de ser un elemento secundario para convertirse en una prioridad estructural. Como concluye Gonon, “la confianza ya no es algo que se pueda asumir, tiene que demostrarse y mantenerse en el tiempo”.