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Descarbonización: aplazar, ajustar, demorar

  • Última actualización
    09 enero 2026 09:00

Mientras el mundo peca de timorato o de egoísta y Europa se pasa de frenada por su ambición, los objetivos globales de descarbonización y sus sendas de consecución afrontan la fase de constantes indefiniciones y sobre todo redefiniciones, siempre con la sombra de compatibilizar la sostenibilidad ambiental con la sostenibilidad económica.

Madrid. Diario del Puerto Plus arranca un año más haciendo protagonista de su análisis a la Logística Verde.

Este informe anual viene a plasmar en este 2026 el inexorable paso del tiempo y cómo en unos casos la ausencia de sendas de consecución de los objetivos pactados está frenando la descarbonización y cómo en aquellos casos donde se han fijado hojas de ruta exigentes, comienza a imponerse el realismo ante la frustración.

La logística es en estos momentos uno de los sectores más exigidos desde un punto de vista medioambiental y, aún más importante, uno de los sectores más regulados y más afectados por la aprobación de nuevas normativas dados los efectos difusos de sus emisiones por su naturaleza “en movimiento”.

La carga regulatoria medioambiental afecta al sector de forma imparable y lo está sometiendo a unos requisitos e hitos cuajados de incertidumbre, tanto por la indefinición como por el exceso de ambición, pues en ambos casos estamos ante una ausencia de realismo.

La consecuencia es que la transformación energética del sector logístico vive inmersa en una profunda incertidumbre legislativa que, además, se une a la incertidumbre tecnológica. Y la pregunta es: ¿ahora mismo podemos creernos los plazos para los distintos objetivos que establecen las diferentes administraciones y organismos? Parece que no y en los últimos meses hemos tenido una buena ración de aplazamientos, ajustes y/o moratorias que evidencian que, de momento, la ruta hacia la sostenibilidad es necesariamente a trompicones.

Al menos si lo observamos desde el punto de vista regulatorio. Desde el punto de vista empresarial, quienes tienen la fuerza y la independencia suficiente para establecer sus propias sendas de descarbonización caminan sin prisa pero sin pausa sin más presión que sus principios, pero la regulación siempre está dispuesta a “zarandearlos”.

Son numerosos los ejemplos de los últimos meses, con los conocidos ETS como casos paradigmáticos.

En el caso del funesto ETS marítimo, toca de acuerdo con la norma que sea sometido a revisión en 2026. Para ello iba a resultar especialmente trascendente que la OMI aprobara su propio marco de cero emisiones, de tal manera que la revisión del EU-ETS tuviera como referencia el marco de la OMI y así se salvará su principal handicap, es decir, la unilateralidad.

En el caso de la Unión Europea, sus matizaciones y ajustes en las políticas de descarbonización están viniendo motivadas por un golpe de realismo y por la necesidad de aplicar buenas dosis de pragmatismo en un contexto de objetivos muy ambiciosos

Pues bien, en esta tendencia de aplazamientos, revisiones y ajustes, la revisión del ETS marítimo en 2026 va a tener que llevarse a cabo sin “red” pues en octubre las presiones de los grandes productores de petróleo y algunas de las potencias mundiales como Estados Unidos y Rusia votaron aplazar un año la ratificación del Net-Zero de la OMI, que queda de momento en el aire.

En el caso de la OMI, claramente ha primado la apuesta por la indefinición para seguir dando margen a la industria de los combustibles fósiles.

En el caso de Europa, sus replanteamientos están viniendo motivados por un golpe de realismo y por la necesidad de aplicar buenas dosis de pragmatismo.

Buen ejemplo es la reciente decisión de aplazar la entrada en vigor del ETS de la carretera y posponerlo un año, en concreto a 2028.

De igual forma, muy significativa es la flexibilización aprobada para la senda de supresión de la fabricación de vehículos fósiles en el marco del nuevo Paquete Automovilístico de la Unión Europea, con un 10% de margen que aunque deba ser compensado refleja que la Unión Europea no tiene más remedio que comenzar a ser flexible.

En este sentido, se esperan nuevas matizaciones y un buen banco de pruebas deberá ser la revisión del ETS marítimo, no ya solo por el impacto en el desvío de tráfico, sino por las limitaciones en el ritmo de renovación de las flotas.

A menor escala, las Zonas de Bajas Emisiones en las principales ciudades también son ejemplo de que las moratorias van a seguir a la orden del día. Los Ayuntamientos, como el de Madrid, siguen aprobando a última hora aplazamientos de las restricciones para la entrada de los vehículos contaminantes. Por un lado, mantener las medidas hasta poco antes de su entrada en vigor favorece la transformación de las flotas por parte de los más cautos, mientras se contenta a última hora a los más resistentes. En todo caso se pone de manifiesto la dificultad de estos procesos y que es necesaria la flexibilización como única forma de lograr avances realistas sin daños colaterales.

COP30: sin hoja de ruta para poner fin a los combustibles fósiles

La 30 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) se celebró en noviembre en la ciudad brasileña de Belem con unos resultados una vez más muy alejados de lo deseable.

En este caso, se sigue estando lejos de lograr las indispensables hojas de rutas requeridas.

La COP30 concluyó con el denominado acuerdo “Global Mutirão”, que, aunque reafirmó el objetivo de limitar el incremento de la temperatura media en 1,5°C (en vez de los 2º pactados en su día) y de abordar la transición a energías renovables, no pudo incluir una hoja de ruta para la eliminación de los combustibles fósiles, generando frustración por la falta de ambición a pesar de avances en la financiación climática y en la creación de mecanismos para implementación y protección de los bosques tropicales.

En esta cuestión de la hoja de ruta, el acuerdo de 80 países no fue suficiente y la presidencia brasileña anunció la elaboración, por iniciativa propia, de una Hoja de Ruta para la Transición de los Combustibles Fósiles de manera justa, ordenada y equitativa y de una Hoja de Ruta para detener y revertir la deforestación.

Por otro lado, durante la COP30 el Acuerdo de París se fortaleció mediante decisiones sobre la reducción de emisiones, la adaptación a los impactos climáticos y el financiamiento, la tecnología y el desarrollo de capacidades para los países en desarrollo. Estas decisiones reflejaron las brechas de ambición reveladas por las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) y la respuesta al agravamiento de la urgencia climática. Con el respaldo y consenso de casi 200 países, la COP30 reafirmó su firme compromiso con el Acuerdo de París y respaldó formalmente una transición de más de tres décadas, desde 1992, centrada en negociaciones complejas, hacia una nueva fase enfocada en transformaciones reales en las economías y sociedades.

En respuesta a la urgencia climática, la COP30 adoptó una serie de medidas para acelerar la implementación y la cooperación internacional. En primer lugar se aprobó el lanzamiento de un Acelerador de Implementación Global, que priorizará las acciones con mayor potencial de escala y velocidad en la lucha climática, como la reducción de emisiones de metano y la eliminación de carbono mediante soluciones basadas en la naturaleza. Al mismo tiempo, dará prioridad a las intervenciones que puedan impulsar puntos de inflexión positivos como las energías renovables, las baterías, la reducción del costo de capital, la digitalización y la reforma de los bancos multilaterales, con el fin de lograr transformaciones exponenciales y en cadena. El Acelerador funcionará de forma sinérgica con la Agenda de Acción, que en la COP30 alcanzó un nuevo nivel de movilización de actores, recursos, procesos y soluciones.

Igualmente se aprobó la creación del Mecanismo de Belém para la Transición Global Justa: un nuevo instrumento para ayudar a los países a garantizar una transición justa e inclusiva hacia economías sostenibles.

Se adoptaron también indicadores voluntarios para medir los avances en la construcción de la resiliencia, en el marco del Objetivo Global de Adaptación; y se acordó el lanzamiento del Programa de Implementación de Tecnología (TIP), con cronograma y componentes para fortalecer la implementación de las prioridades tecnológicas de los países en desarrollo.

Se adoptó el nuevo Plan de Acción sobre Género y Clima, con actividades para aumentar la influencia de las mujeres en el combate al cambio climático, así como el lanzamiento de una serie de diálogos sobre comercio internacional y clima y se acordó el lanzamiento de un programa de trabajo de dos años sobre financiación climática, con foco en la previsión de recursos públicos de los países desarrollados para los países en desarrollo.

Australia y Turquía acordaron celebrar la COP31 en 2026 en la ciudad de Antalya (Turquía), con Australia asumiendo la presidencia de las negociaciones y Turquía asumiendo la responsabilidad logística.