Madrid. Diario del Puerto Plus arranca un año más haciendo protagonista de su análisis a la Logística Verde.
Este informe anual viene a plasmar en este 2026 el inexorable paso del tiempo y cómo en unos casos la ausencia de sendas de consecución de los objetivos pactados está frenando la descarbonización y cómo en aquellos casos donde se han fijado hojas de ruta exigentes, comienza a imponerse el realismo ante la frustración.
La logística es en estos momentos uno de los sectores más exigidos desde un punto de vista medioambiental y, aún más importante, uno de los sectores más regulados y más afectados por la aprobación de nuevas normativas dados los efectos difusos de sus emisiones por su naturaleza “en movimiento”.
La carga regulatoria medioambiental afecta al sector de forma imparable y lo está sometiendo a unos requisitos e hitos cuajados de incertidumbre, tanto por la indefinición como por el exceso de ambición, pues en ambos casos estamos ante una ausencia de realismo.
La consecuencia es que la transformación energética del sector logístico vive inmersa en una profunda incertidumbre legislativa que, además, se une a la incertidumbre tecnológica. Y la pregunta es: ¿ahora mismo podemos creernos los plazos para los distintos objetivos que establecen las diferentes administraciones y organismos? Parece que no y en los últimos meses hemos tenido una buena ración de aplazamientos, ajustes y/o moratorias que evidencian que, de momento, la ruta hacia la sostenibilidad es necesariamente a trompicones.
Al menos si lo observamos desde el punto de vista regulatorio. Desde el punto de vista empresarial, quienes tienen la fuerza y la independencia suficiente para establecer sus propias sendas de descarbonización caminan sin prisa pero sin pausa sin más presión que sus principios, pero la regulación siempre está dispuesta a “zarandearlos”.
Son numerosos los ejemplos de los últimos meses, con los conocidos ETS como casos paradigmáticos.
En el caso del funesto ETS marítimo, toca de acuerdo con la norma que sea sometido a revisión en 2026. Para ello iba a resultar especialmente trascendente que la OMI aprobara su propio marco de cero emisiones, de tal manera que la revisión del EU-ETS tuviera como referencia el marco de la OMI y así se salvará su principal handicap, es decir, la unilateralidad.