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LOGÍSTICA · El alto valor patrimonial e histórico de los bienes culturales requiere de una logística singular

El arte del transporte de bienes culturales: conservación, trazabilidad y seguridad

  • Última actualización
    19 febrero 2026 05:20

Las imágenes de la catedral de Notre-Dame de París envuelta en llamas es de las que todo el mundo recuerda. Durante unas horas, no solo estuvo en peligro la estructura del edificio, sino también todas las obras de arte que estaban en su interior. Una vez apagado el incendio, la logística entró en escena para trasladar las obras a un espacio seguro.

Una de las empresas participantes en el rescate de las valiosas obras de arte del templo fue la española TTI, enviando su trailer Titan, uno de los vehículos de transporte de arte más grandes de Europa, con una altura interior de 3,71 metros, perfectamente adecuado para el traslado en gran formato de las obras religiosas de Notre-Dame.

El caso de Notre-Dame es un claro ejemplo de las singularidades del transporte y la logística en el mundo de las bellas artes, que se diferencia en tres ejes básicos respecto a la logística convencional. En primer lugar, requiere mantener unas condiciones medioambientales de conservación preventiva (humedad y temperatura) durante el transporte, desde el museo, la galería o colección de origen hasta su destino, mediante la utilización de embalajes y camiones específicamente diseñados para ello. Para la estructura exterior de las cajas se usa la madera como elemento principal de elaboración: “Por la complejidad de estandarizar formatos, debido a la enorme variabilidad de dimensiones, pesos y materiales de los bienes culturales, se han de construir ad hoc para cada una de las piezas”, señala Íñigo Bernaola, director de proyectos de TTI. Además del aislamiento térmico de poliestireno, las cajas también pueden reforzarse con una barrera o film de aluminio, y las espumas de protección frente a las vibraciones e impactos.

El transporte por carretera es el que permite mayor seguridad en el ámbito nacional y el aéreo en internacional

El segundo pilar es la trazabilidad y monitorización absoluta de todo el procedimiento, mediante doble seguimiento, físico o humano, y con dispositivos digitales. En este sentido, es habitual la presencia del experto acompañante físico, una figura que está “acompañando permanentemente la obra” para controlar que el transporte se realice correctamente.

Por último, el tercer pilar es la seguridad continua desde origen a destino mediante policía o seguridad privada dependiendo de la titularidad de la obra (pública o privada), la pernoctación en almacenes específicos de seguridad y dos conductores que permiten duplicar la conducción y asegurar que pueden ser cubiertas las rutas para pernoctaciones en almacenes de seguridad.

Camión y avión

Así, el transporte por carretera es el que permite mayor seguridad y eficiencia en el transporte tanto nacional como por Europa, con camiones que están dotados de sistemas de aislamiento térmico, con doble pared de aluminio e interior de espuma de poliestireno, además de sistemas de localización GPS y sistemas de alarma y extinción de incendios, mediante CO2. Respecto de los transportes intercontinentales, se recurre al transporte aéreo, a través de un tipo de avión que permita la paletización de la carga en unidades tipo contenedor, o tipo palé y debe garantizarse la perfecta estiba en la bodega

Las compañías especializadas en el transporte de obras de arte disponen de personal con acceso pleno autorizado a las terminales de carga y pistas que permiten el seguimiento físico hasta el cierre de puertas

Algunas obras requieren de permisos de exportación específicos que otorga el Ministerio de Cultura

Permisos

Más allá de los trámites aduaneros convencionales, en el caso de las obras de una antigüedad superior a los 100 años o aquellas declaradas Bienes de Interés Cultural, se requiere de un permiso de exportación del Ministerio de Cultura. “Es un procedimiento muy bien organizado, y ágil, por parte de la administración, a pesar de la complejidad que requiere establecer mecanismos de control parametrizados para el control de protección del patrimonio para los estados”, señala Bernaola.

El rescate de obras en medio de la guerra

Cuando se inició la invasión rusa en Ucrania, una decena de piezas de la Armería del Palacio Real, así como el cuadro “El emperador Carlos V”, de Juan Pantoja de la Cruz, propiedad del Museo del Prado, se encontraban en Moscú, donde debían ser expuestas en los Museos del Kremlin.

Tras el ataque ruso, el Gobierno repatrió de manera urgente todos los bienes a través de un transporte que, además de carretera, también si hizo en transbordador en algunos tramos de manera excepcional, pues con el cierre del espacio aéreo que se estableció como medida de presión contra Rusia, no se pudo recurrir al transporte aéreo, el más habitual para este tipo de mercancías.

Así que las obras iniciaron su recorrido desde Moscú hasta Helsinki en camión, a través de una carretera segura por donde es habitual el transporte de obras de arte. Una vez en Finlandia, y ante la imposibilidad de subir los bienes en un avión que cumpliera los requisitos necesarios para su transporte, los camiones se subieron aun transbordador para cruzar el Báltico de norte a sur hasta llegar a Alemania y desde allí retomar el transporte por carretera hasta Madrid.