Desde marzo y hasta el levantamiento de las medidas restrictivas el pasado mes de junio, los 15 voluntarios que trabajan en los dos locales de El Puchero -situados en la zona cercana al puerto y en el Barrio de Orriols- preparaban cajas con alimentos imperecederos, que se entregaban en los domicilios de los usuarios del Puchero Solidario una vez por semana. En el tiempo récord de una semana se realizaron todos los itinerarios de reparto para no dejar a nadie desatendido.
Además, y en colaboración con Aportem-Puerto Solidario y Consum, se pudieron entregar vales de comida a las familias más desfavorecidas por valor de 10.000 euros.
“Durante todos estos meses nos hemos tenido que reinventar”, reconoce Arantxa Vivó, trabajadora social y quien lleva el día a día de la ONG. Además, “también hemos colaborado con otros locales de la ciudad de Valencia como el de la Petxina, Nazaret, parroquias o centros de menores, para llevar excedente de alimentos”.
Pero esos cambios no han llegado sólo de puertas hacia fuera. Como toda organización que atiende al público, el Puchero Portuario ha debido hacer algún que otro cambio para adoptar las medidas de prevención. Ha instalado mamparas de cristal en la zona donde sirven las comidas y botellas de gel hidroalcohólico. Además, ha cambiado su sistema de entrega de alimentos para no generar colas con la creación de dos grupos de usuarios que acuden días alternos. También reparten de manera habitual mascarillas a los usuarios que no pueden costearlas.
Durante todos estos meses, además, se puso en marcha un “Jornal Solidario de Emergencia”, en colaboración con la Cruz Roja y Natania, que con el apoyo de los estibadores recaudó unos 32.000 euros.
Un poco más de ayuda
Ante esta nueva situación, el Puchero Portuario ha decidido dar un paso al frente, ampliando los servicios que ofrece a sus usuarios. Uno de los que más aceptación está teniendo es el de asesoramiento ante la Administración. “Hoy por hoy, la atención que dan las administraciones a los ciudadanos se ha resentido. Ahora, son necesarios conocimientos en nuevas tecnologías y entornos digitales que muchas de las personas que vienen aquí no tienen. Ahí es donde entramos nosotros”, asegura Vicó.
Además, desde hace un tiempo el Puchero Portuario ofrece apoyo académico a menores, con clases particulares muy específicas. “Nos coordinamos con los tutores para ver las necesidades reales de cada menor, evitando así que la pandemia sea un inconveniente para el desarrollo escolar”, afirma Arantxa Vicó.
2021, año clave
El año 2021 será un punto de inflexión importante para el devenir del Puchero Portuario. En el horizonte está el convertirse en una fundación, “algo que posibilitaría la llegada de más fondos y nos permitiría dar un salto de calidad en los servicios que ofrecemos”, asegura Francisco Masiá, estibador del puerto de Valencia y miembro de Coordinadora Solidaria.
Ser fundación atrae más gente y más recursos. “Desde el principio hemos querido abrir este proyecto a toda la comunidad portuaria. Queremos que esta iniciativa deje de ser algo únicamente de los estibadores”, según Masiá.
Otro de los proyectos que se van a poner en marcha el próximo año es el de un ambicioso plan formativo. “Hoy por hoy, todo lo relacionado con los trabajos de carácter digital, conocer las herramientas de búsqueda de empleo, técnicas de empoderamiento de la mujer, son herramientas básicas”, recuerda Vicó. Y es que los usuarios del Puchero Portuario no acuden simplemente a por un plato de comida, adquiere un compromiso de formación y de búsqueda activa de empleo.
Navidad diferenteLas medidas de contención del COVID aplicadas por las administraciones va a marcar la celebración de las próximas fiestas navideñas. En ese sentido, el Puchero Portuario también ha tenido que reinventarse.En años anteriores, los locales de la Sociedad Obrera Marítima Terrestre de Valencia -donde se suelen reunir los estibadores jubilados- acogían una pequeña fiesta navideña donde se entregaban regalos donados por diversas entidades a niños y niñas en riesgo de exclusión social.“Ahora mismo, juntar a más de 150 personas en un mismo sitio es imposible”, reconocen Pepe Moratal -estibador y uno de los impulsores de Coordinadora Solidaria- y Raquel Alcaina -trabajadora social-. Por eso, este año se repartirán esos regalos entre los usuarios para que los niños los puedan disfrutar en sus propias casas: juguetes para el día de Navidad y libros y cuentos para el día de Reyes.