Puede que lo que creemos que es el final del túnel, allá a lo lejos, no lo sea realmente. Aún así, no vamos a dejar de acercarnos más hacia esa esperanza para constatar con nuestros propios sentidos si esa es de verdad una luz de futuro o un fuego fatuo propio de la ciénaga en la que nos encontramos. Necesitamos creer. También en la posibilidad de que tengamos un futuro mejor. Si no hay indicios, al cabo del tiempo, nos los inventamos. Como se inventa un oasis en un desierto. Necesitamos la esperanza para caminar como el aire para respirar. Más vale esperanza inventada que ninguna. Y en eso estamos. Creer en un mañana mejor tiene siempre una parte imaginada, una parte de leyenda, de religión quizás. Tiempo es de que nos configuremos la estrella que nos guíe hacia donde la gente tóxica no nos encuentre. Seguiremos la luz que nosotros mismos construyamos, y la vamos a pintar especialmente intensa, con una cola de cometa llena de aprendizajes, de propósitos de enmienda, para no volver a tener nunca tanto dolor de corazón ante tanta y tanta injusticia. Igual que la oscuridad reina cuando no queremos ver, el que las cosas mejoren se basará mucho en el grano de luz que cada cual, individualmente, ponga a ese empeño. Efectivamente, como en tantos otros momentos de la historia, salir adelante va a ser, sobre todo, cuestión de fe. Sin esperar a que nos caiga del cielo, ni que nos la regale ningún mandatario, podemos, brillo a brillo, montar una estrella, que además... nos va a quedar divina. Con no apagar la luz, con mirar al cielo, bastará si lo hacemos siempre después de mirar lo que hay en la tierra y dónde y a quién pisamos. Algún día dejaremos en paz al mundo y lograremos que no dejen en paz a nosotros, eliminaremos a los pocos que se empeñan con ahínco notable en convertir lo bueno en malo y lo malo en peor. Por mucho que nos hagan dudar, no vamos a seguir la corriente de moda, esa que indica que eres un "gil" si no te haces de oro, aunque sea a base de convertir en barro todo lo que te rodea. Sería una pena que la noche nos acabe convenciendo a todos de que la oscuridad es la norma. Yo sólo pido una cosa para el año que viene. Si la consigo, se la contaré en el siguiente especial de Navidad. Mientras, todos los profesionales de Diario del Puerto y de todas las empresas de este modesto pero resultón grupo de empresas, renueva, como cada año, no sólo el deseo de que sean muy felices, sino la promesa de que colaboraremos todo lo que podamos, personal y profesionalmente en ayudarles en que así sea. Es nuestro pequeña aportación. Nuestra chispa de luz para la esperanzadora estrella. Será mejor 2014. Si no es así, es que hemos fracasado estrepitosamente en lo más importante: ser mejores nosotros mismos.