madrid. La descarbonización del transporte en España no tendrá una única solución tecnológica. Esa es la principal conclusión del primer Observatorio para la Descarbonización del Transporte. Dicho observatorio, elaborado por Gasnam y PwC, fue presentado ayer por Óscar Barrero, socio de Energía de PwC, en el marco del Green Gas Mobility Summit 2026.
El estudio, elaborado para analizar el cumplimiento de los objetivos regulatorios derivados de la transposición de la Directiva Europea RED III, refleja que el transporte español deberá apoyarse en una combinación de electrificación, biocombustibles avanzados, gases renovables, hidrógeno, combustibles sintéticos y nuevos vectores energéticos adaptados a las particularidades de cada modo de transporte.
En el ámbito logístico-portuario, el informe lanza un mensaje para el transporte marítimo, y es que seguirá necesitando combustibles renovables líquidos y gaseosos durante las próximas décadas, mientras que la disponibilidad de infraestructuras energéticas será tan importante como el propio desarrollo tecnológico.
Según explicó Barrero, el observatorio nace para “poner números” al proceso de descarbonización y proporcionar una herramienta de monitorización que permita medir el grado real de cumplimiento de los objetivos regulatorios.
El análisis parte de la premisa de que cada modo de transporte presenta necesidades operativas, infraestructuras, ciclos de renovación de flota y requerimientos energéticos diferentes. Por ello, el estudio descarta cualquier enfoque uniforme.
La metodología empleada ha considerado variables como la antigüedad de las flotas, la velocidad de renovación de vehículos, la eficiencia energética, la disponibilidad de infraestructuras y la evolución prevista de las distintas tecnologías. Como resultado, se ha alcanzado una hoja de ruta en la que la descarbonización dependerá de una combinación de soluciones y no de la hegemonía de una tecnología concreta.
En el contexto del sector portuario, el transporte marítimo está condicionado por un doble marco regulatorio: la incorporación del transporte marítimo al sistema europeo de comercio de emisiones (ETS) y la aplicación del FuelEU Maritime. Esta situación obliga a una coordinación estrecha entre armadores, suministradores energéticos y operadores de infraestructuras.
El informe identifica al gas, tanto de origen fósil (GNL) como renovable (BioGNL), como una de las principales palancas para avanzar en la reducción de emisiones a corto y medio plazo. Destacó Barrero que tanto GNL y especialmente BioGNL emergen como tecnologías clave para el cumplimiento de los objetivos de 2030, gracias a su grado de madurez tecnológica y a la infraestructura ya disponible.
Asimismo, el estudio señala que el metanol se perfila como una alternativa relevante en el corto plazo, mientras que el amoniaco podría ganar protagonismo en horizontes de más largo plazo conforme avance su desarrollo tecnológico y comercial.
Además, el observatorio apunta a que una mayor penetración de combustibles gaseosos renovables en el transporte pesado y marítimo contribuiría a reducir la presión sobre la disponibilidad de biocombustibles avanzados.
Por otro lado, Óscar Barrero advirtió que es importante controlar los tiempos y las diferentes exigencias que requieren los retos de 2030 y 2040.
Los objetivos fijados para 2030 son técnicamente viables, aunque requerirán un esfuerzo extraordinario.
El escenario cambia al analizar el horizonte de 2040, dado que la incertidumbre tecnológica aumenta considerablemente a medida que se amplían los plazos temporales.