El Spanish Shippers’ Council impulsa una acreditación voluntaria que audita hasta 120 aspectos de la actividad del cargador, desde los tiempos de espera y los kilómetros en vacío hasta las condiciones de los conductores en los centros de carga y descarga.
MADRID. El secretario general del SSC, Jordi Espín, ha explicado esta mañana el proyecto durante la jornada organizada por el Centro Español de Logística (CEL), junto a Alberto Blanco, responsable de Proyectos Logísticos y Procesos de Carreras Grupo Logístico, y Ricardo Lucientes, consultor de CCR.
La sostenibilidad de la cadena de suministro ya no puede medirse únicamente en términos de emisiones. La relación entre cargadores, transportistas y conductores, las condiciones en los puntos de carga y descarga o la forma en la que se contratan los servicios de transporte forman también parte de una logística responsable. Con esta premisa, el Spanish Shippers’ Council (SSC) ha desarrollado en España la Certificación del Cargador Responsable (CCR), una acreditación voluntaria destinada a evaluar las prácticas de las empresas cargadoras.
Espín ha defendido la necesidad de ampliar el concepto tradicional de sostenibilidad y evitar que toda la atención recaiga sobre su dimensión medioambiental. “Que el hecho de salvar el medio ambiente y mejorarlo no sacrifique otros eslabones que también deben ser sostenibles”, ha señalado. En este sentido, apuntó hacia una visión que incorpore también criterios sociales, de resiliencia y de contratación responsable a lo largo de toda la cadena de suministro.
La CCR surge precisamente para trasladar estos principios a la operativa diaria. Según traslada Espín, se trata de una “acreditación voluntaria de valores logísticos éticos” que permite obtener una fotografía de cómo trabaja y contrata una empresa cargadora y, especialmente, de qué sucede después de formalizar el contrato de transporte.
El proyecto tiene su origen en un trabajo iniciado hace aproximadamente siete años ante un problema que entonces comenzaba a adquirir especial relevancia: la escasez de conductores. Desde las organizaciones de cargadores se planteó qué podían aportar para mejorar las condiciones de estos profesionales y favorecer unas relaciones más equilibradas dentro de la cadena logística. A partir de ahí se desarrolló un protocolo internacional para mejorar el tratamiento de los conductores en los puntos de carga y descarga, elaborado durante tres años con participación de representantes de cargadores, transportistas y trabajadores. “La carga sin transporte carece de valor”, ha añadido Espín.
120 puntos bajo análisis
La Certificación del Cargador Responsable lleva ahora estos principios al terreno de la auditoría. El sistema analiza alrededor de 120 puntos, de los cuales aproximadamente el 55% corresponde al área operativa, según detalló Espín.
Entre los indicadores se encuentran los kilómetros en vacío, las horas y tiempos de espera, la eficiencia de las operaciones de carga y descarga, los horarios de entrega, la gestión documental o la disponibilidad y adecuación de servicios como los baños para transportistas y conductores. La certificación pretende así medir elementos concretos que permitan acreditar la colaboración entre los diferentes actores. Espín ha indicado que determinados avances únicamente son posibles cuando existe cooperación. Reducir kilómetros en vacío o mejorar los tiempos de espera, por ejemplo, requiere coordinación entre cargador, operador y transportista y no depende exclusivamente de una de las partes.
El modelo se completa con otra iniciativa impulsada internacionalmente por las organizaciones de cargadores: una carta de derechos de la carga, que busca establecer también unas condiciones mínimas para el tratamiento de las mercancías durante todo el proceso logístico. Para Espín, reclamar al resto de actores que protejan adecuadamente la mercancía exige que el propio cargador cumpla previamente con sus responsabilidades, y esto implica cuestiones como realizar una correcta estiba, disponer de un plan de carga y de viaje, contar con una adecuada planificación del seguro y garantizar una documentación de entrega suficientemente detallada. Con ello, transportistas, operadores logísticos, aduanas, puertos o navieras forman parte de una cadena en la que la responsabilidad sobre la mercancía es compartida. La CCR se plantea, por tanto, como una herramienta para anticiparse a un escenario en el que la sostenibilidad empresarial incorpora progresivamente más variables. Para Espín, la cadena de suministro tendrá que avanzar desde la medición de su impacto ambiental hacia una evaluación más amplia que incluya también resiliencia, responsabilidad social y contratación responsable.