MADRID. Tal y como han expresado los ponentes, la logística urbana se encuentra en un momento de inflexión. El crecimiento del comercio electrónico, la presión sobre el tráfico en grandes ciudades y las exigencias de sostenibilidad están obligando a repensar cómo se mueven las mercancías y las personas. En este contexto, la tecnología y la colaboración entre operadores logísticos y gestores de transporte público emergen como elementos estratégicos.
Para Ramón García, director general de Citet, la clave está en entender la tecnología como una palanca transversal: “La sociedad ya cuenta con la tecnología necesaria; el reto es saber integrarla y escalarla”. En su opinión, cuanto mayor sea la adopción de soluciones tecnológicas interoperables, mayor será la capacidad de las ciudades para absorber nuevos flujos logísticos sin colapsar su movilidad.
Desde Metro de Madrid, Rafael Villa subraya que el problema no es únicamente el volumen de tráfico, sino su impacto acumulativo: “No se trata de que el tráfico vaya a duplicarse, sino de que pequeños incrementos porcentuales hacen que ciudades como Madrid dejen de ser asumibles”, explica. El aumento de furgonetas de reparto en superficie, impulsado por la demanda de entregas rápidas, está tensionando un sistema que no deja de crecer. Ante esta situación, Villa apunta a la necesidad de explorar nuevas posibilidades para los repartos urbanos, incluyendo el aprovechamiento de infraestructuras existentes y ventanas horarias menos congestionadas. “Tenemos que ser capaces de hacer visibles soluciones pequeñas que nos permitan ganar tiempo y eficiencia”, señala, en referencia a proyectos piloto que permitan validar nuevos modelos antes de su puesta en marcha.
Por su parte, Ignacio Uría, representante de EMT Madrid, incide en que el transporte público no puede permanecer ajeno al mundo de la logística. “Integrarnos en la logística es un reto que el sector no abordó en el siglo pasado y que ahora resulta imprescindible”, afirma. Sin embargo, reconoce que uno de los principales obstáculos es la fragmentación tecnológica: cada actor utiliza sus propios sistemas, datos y formas de explotación de la información. Uría destaca que avanzar hacia plataformas comunes y el uso compartido de datos facilitaría una gestión más eficiente de los flujos urbanos. “El uso inteligente de la información es una ventaja competitiva, pero también una responsabilidad”, apunta, subrayando que el objetivo final sigue siendo el mismo: el movimiento de las mercancías y personas de forma eficiente y sostenible.