A pesar de la apertura temporal del Estrecho de Ormuz tras el alto el fuego de dos semanas acordado en la madrugada del pasado miércoles, las semanas de bloqueo han desencadenado una disrupción global que afecta al transporte marítimo de energía y graneles, con fuertes caídas de tráfico y tensiones en los precios.
Bilbao. Aunque como consecuencia del alto el fuego, Irán ha accedido a permitir el tránsito de buques por Ormuz, la escalada del conflicto en Oriente Medio ha provocado una disrupción sin precedentes en el comercio marítimo global, con el Estrecho de Ormuz prácticamente bloqueado durante semanas y el Mar Rojo convertido en un corredor de alto riesgo. El impacto se ha extendido tanto a graneles líquidos como petróleo y gas, como a los sólidos, especialmente fertilizantes y productos agroalimentarios, pilares del comercio internacional.
Ormuz, uno de los principales cuellos de botella del comercio marítimo, canaliza en condiciones normales una quinta parte del petróleo mundial transportado por mar, además de importantes volúmenes de GNL y fertilizantes, claves para la agricutura y la alimentación. Por ello, la paralización del tráfico ha desencadenado un fuerte impacto en los mercados energéticos y logísticos. En el ámbito de los graneles líquidos, este impacto es especialmente severo. La crisis ha sido calificada como “la mayor disrupción energética desde los años 70”, con interrupciones que afectan directamente al suministro global y a la estabilidad de precios. La volatilidad del crudo y del gas se ha disparado, mientras las rutas alternativas incrementan costes y tiempos de tránsito.
EL DATO
-70% · Graneleros
El paso de graneleros por Ormuz ha caído cerca de un 70%.
El efecto se traslada también al transporte marítimo, con un aumento de las primas de riesgo, los costes de seguro y los fletes, en un contexto en el que numerosos armadores han optado por evitar la zona. La paralización del tráfico ha dejado buques fondeados y ha reducido la oferta efectiva de transporte, generando tensiones en toda la cadena logística.
Pero el impacto no se limita a la energía. El comercio de graneles sólidos ha sido siendo igualmente afectado, aunque con menor visibilidad mediática. Según BIMCO, los tránsitos de graneleros por Ormuz han caído cerca de un 70%, lo que afecta directamente a cerca del 4% del comercio mundial de graneles secos.
El Golfo Pérsico es una región clave tanto para la importación como exportación de graneles. En términos de importación, materias primas como hierro, grano o acero representan cerca del 60% de los volúmenes entrantes, mientras que en exportación destacan productos como la urea, el azufre o la caliza, fundamentales para la agricultura y la industria global.
En este contexto, la interrupción del tráfico ha afectado de forma directa a la cadena agroalimentaria global. Aproximadamente un tercio del comercio marítimo de fertilizantes (unos 16 millones de toneladas anuales) transita por Ormuz, lo que convierte la crisis en un factor crítico para la seguridad alimentaria.
Fertilizantes y agrolimentarios, víctimas
La crisis en Ormuz tiene un impacto directo en el comercio marítimo de fertilizantes, uno de los segmentos más sensibles dentro del granel sólido. El Golfo concentra una parte relevante de la producción global de urea, amoníaco y otros insumos clave para la agricultura, cuya exportación depende en gran medida del tránsito por este estrecho estratégico. El bloqueo ha interrumpido el flujo de materias primas esenciales, elevando el riesgo de tensiones en los mercados agrícolas. Según algunos análisis, entre una cuarta parte y un tercio de los insumos básicos para fertilizantes transitan por esta ruta, lo que podría traducirse en aumentos de precios y presiones sobre la producción agrícola global.
Además, la incertidumbre operativa ha reducido la actividad de buques graneleros vinculados a cargas agrícolas, ante el riesgo creciente en la zona y la falta de garantías de tránsito. De fracasar el alto el fuego de dos semanas actualmente vigente, el escenario anterior podría extender sus efectos a medio plazo, afectando tanto a los costes de producción como a la seguridad alimentaria en regiones dependientes de importaciones.
Petroleros y gaseros: tráfico mínimo y paso controlado
El tráfico de petroleros y gaseros por el Estrecho de Ormuz se redujo antes del alto el fuego a niveles sin precedentes. Según datos de seguimiento marítimo citados por Clarksons Research, los tránsitos cayeron de unos 125 buques diarios antes de la crisis a apenas 6 cruces al día, lo que supone una reducción superior al 95%. Esta contracción extrema se produce en un contexto en el que cientos de buques permanecen aún fondeados o retenidos en el Golfo, mientras los operadores han evitado la zona por razones de seguridad.
Irán habìa implantado un sistema de tránsito selectivo mediante un corredor controlado, permitiendo únicamente el paso de buques considerados “no hostiles”. Este modelo ha dado lugar a un flujo muy limitado y condicionado políticamente, con casos documentados de pagos de hasta 2 millones de dólares por tránsito. En este contexto, solo algunos buques, principalmente vinculados a China e India, lograban atravesar el estrecho, dando como resultado un mercado energético fragmentado, con una caída drástica de la capacidad efectiva de transporte marítimo y una creciente segmentación de los flujos según criterios geopolíticos.