La exportación hortofrutícola española se apoya en una logística de alta precisión donde el transitario especializado ha pasado de actor secundario a pieza estratégica en un contexto de presión operativa exigencia documental y avance tecnológico que obliga a garantizar fiabilidad trazabilidad y sostenibilidad en toda la cadena de suministro.
BILBAO. España se ha consolidado como una de las grandes despensas hortofrutícolas de Europa. Millones de toneladas de frutas y hortalizas salen cada año de los principales polos productores rumbo a los mercados comunitarios, sosteniendo un modelo exportador basado en volumen regularidad y especialización. Sin embargo, ese éxito se apoya sobre un equilibrio frágil: el tiempo y la temperatura siguen siendo los verdaderos árbitros del valor.
En este escenario, la logística ha dejado de ser un mero soporte para convertirse en un factor crítico de competitividad. Y dentro de ella, el transitario especializado ha evolucionado desde un papel operativo a una función claramente estratégica, actuando como gestor de riesgos, coordinador de flujos y garante del cumplimiento normativo y comercial.
Cambio de paradigma
La logística hortofrutícola española vive una transformación profunda. La calidad del producto sigue siendo esencial, pero ya no suficiente. El mercado exige fiabilidad, información y cumplimiento demostrable. En este contexto, el transitario especializado ha dejado de ser un actor secundario para convertirse en una pieza estructural del modelo exportador. Las visiones de Carmen Amador, Managing Director de Martico Group, y de Antonia Giménez, directora del Departamento de Reefer de Grupo Raminatrans, desde enfoques distintos pero complementarios, convergen en un diagnóstico común: sin logística especializada, el liderazgo hortofrutícola español no es sostenible.
Trazabilidad, condición básica
Desde la óptica de la carga refrigerada, Antonia Giménez sitúa la trazabilidad como una condición básica de acceso al mercado europeo. “En carga refrigerada la trazabilidad y la sostenibilidad ya no son un valor añadido sino un requisito imprescindible”, afirma, subrayando que esta exigencia afecta a toda la cadena logística, desde el origen hasta la entrega final, sin excepciones.
Una lectura muy similar mantiene Carmen Amador, quien subraya que este cambio obliga a replantear el modelo operativo del transitario. “En Martico Group estamos abordando la trazabilidad y la sostenibilidad como requisitos estructurales del negocio, no como elementos accesorios”, señala, dejando claro que ya no se trata de cumplir con un checklist, sino de integrar estos factores en la arquitectura del servicio.
Ambas directivas coinciden en que el endurecimiento de las exigencias por parte de los grandes compradores europeos ha convertido la trazabilidad y la sostenibilidad en pilares estructurales de la logística hortofrutícola.
El dato, lenguaje común
La trazabilidad no se entiende hoy sin una gestión avanzada del dato. El control de la información ya no es solo una herramienta interna, sino una forma de comunicación con el cliente y, cada vez más, una garantía contractual.
Desde Raminatrans, Giménez explica que la trazabilidad se concibe de forma extremo a extremo, integrando el seguimiento de la mercancía desde origen hasta destino, con especial atención a la cadena de custodia y la gestión documental aduanera. Esta especialización permite rapidez en la toma de decisiones y una comunicación constante con el cliente, un factor crítico cuando se trabaja con mercancía perecedera.
Desde Martico Group, Amador completa esta visión poniendo el foco en la calidad y fiabilidad del dato. “Garantizar visibilidad completa de la cadena logística y ofrecer datos fiables, auditables y alineados con los criterios ESG que exige el mercado europeo es hoy una exigencia básica”, asegura.
El dato deja así de ser un subproducto de la operación para convertirse en un activo estratégico que refuerza la confianza del cliente y la estabilidad de la cadena.
EN DESTACADO
Carmen Amador
Managing Director de Martico Group
“Nuestro objetivo es ofrecer seguridad previsibilidad y confianza incluso en un entorno global volátil”
La carretera no es suficiente
El transporte por carretera continúa siendo la columna vertebral de la exportación hortofrutícola española. Su flexibilidad y rapidez lo hacen difícilmente sustituible en muchos corredores europeos, especialmente en tráficos intracomunitarios de corta y media distancia. Sin embargo, el modelo está sometido a una presión creciente derivada de la escasez de conductores, el incremento de costes y una normativa cada vez más exigente en materia laboral y medioambiental.
En este sentido, Antonia Giménez señala que esta presión obliga a optimizar procesos y recursos, tanto en transporte como en almacenaje, reduciendo ineficiencias, mermas y movimientos innecesarios. “Trabajamos en la optimización de procesos y recursos para reducir mermas y ganar agilidad operativa”, explica.
Por su parte, Carmen Amador incide en el papel del transitario como estabilizador del sistema logístico. Gestionar la disponibilidad de flota, reordenar prioridades y proteger compromisos comerciales se ha convertido en una función central en un entorno donde cualquier disrupción tiene impacto directo en la cadena de suministro.
La cadena de frío es la frontera
Si hay un elemento que define la logística hortofrutícola es la cadena de frío. No es un requisito técnico, sino una frontera económica. Mantenerla intacta es lo que permite preservar el valor del producto y cumplir con las expectativas del cliente final.
Desde Martico Group, Amador lo expresa con claridad señalando que “la exportación hortofrutícola exige una excelencia operativa constante, ya que cualquier desviación impacta directamente en el valor del producto”, e identifica además tres focos de tensión principales: “El control de la cadena de frío, la complejidad regulatoria y la presión sobre los tiempos de tránsito”.
Giménez coincide plenamente en ese diagnóstico y lo centra en la infraestructura operativa. Por ello, Grupo Raminatrans ha desarrollado instalaciones propias de temperatura controlada, con un almacén de 3.000 metros cuadrados, muelles con abrigos hinchables y puntos de conexión para contenedores frigoríficos, con el objetivo de reducir el riesgo de rotura de la cadena de frío en operaciones especialmente sensibles como el cross-docking, las inspecciones o la consolidación de cargas.
Confianza
Más allá del cumplimiento técnico, ambas directivas logísticas coinciden en que el verdadero producto del transitario especializado es la confianza. En un entorno de incertidumbre creciente, ofrecer previsibilidad se convierte en un valor diferencial que va mucho más allá del precio.
La directora del Depar-tamento de Reefer de Grupo Raminatrans, Antonia Giménez, destaca la importancia de la relación directa con el cliente. “Una de nuestras señas de identidad es la comunicación directa y permanente con el cliente para aportar soluciones rápidas”, destacando que la información a tiempo es una forma de proteger el valor de la mercancía, detalla la directiva.
Entretanto, Carmen Amador refuerza esta idea desde una óptica más estratégica, precisando que el objetivo de Martico Group “es ofrecer seguridad, previsibilidad y confianza incluso en un entorno global cada vez más volátil”.
Esta convergencia explica por qué cada vez más exportadores integran al transitario en la planificación comercial y no únicamente en la ejecución logística.
EN DESTACADO
Antonia Giménez
Directora del Departamento de Reefer de Grupo Raminatrans
“En carga refrigerada la trazabilidad y la sostenibilidad ya no son un valor añadido sino un requisito imprescindible”
Documentación y aduanas
A la complejidad operativa se suma una creciente exigencia documental. Certificaciones, controles fitosanitarios y requisitos aduaneros convierten la gestión administrativa en un punto crítico, especialmente en productos perecederos.
En este caso, Giménez pone el acento en la anticipación y en la coordinación con los organismos de control. “Los retrasos en frontera pueden comprometer directamente la calidad y el valor del producto perecedero”, advierte.
Por su parte, Amador coincide plenamente en este punto y subraya la necesidad de equipos especializados. “La complejidad documental y aduanera exige trabajar de forma anticipada para evitar bloqueos en frontera”, señala. En ambos casos, la gestión aduanera deja de ser un trámite para convertirse en una parte central del servicio logístico.
Capacidad de escalar soluciones
La profesionalización de la logística hortofrutícola exige músculo financiero y visión a largo plazo. En Martico Group, Amador destaca el respaldo del Grupo Pérez y Cía. como un elemento clave para acelerar inversiones y compartir mejores prácticas entre compañías del grupo. “Nos aporta solidez financiera, conocimiento sectorial y una visión global de la cadena de suministro que nos permite ofrecer soluciones robustas y escalables”, explica.
En paralelo, Raminatrans ha optado por una estrategia basada en infraestructura propia y autorizaciones aduaneras que permiten operar fuera de recintos portuarios, aportando agilidad operativa y reduciendo la huella logística, especialmente en campañas de alta intensidad.
La Administración como agente facilitador
Las visiones de Carmen Amador, Managing Director de Martico Group, y Antonia Giménez, directora del Departamento de Reefer de Grupo Raminatrans, coinciden en señalar a la Administración como un actor clave para no lastrar la competitividad hortofrutícola. Amador pone el acento en el papel facilitador del sector público y reclama anticipación y digitalización al atribuir a la Administración “la oportunidad de actuar como agente facilitador impulsando la digitalización aduanera y la inversión en infraestructuras logísticas”. Por su parte, Giménez incide en la realidad operativa diaria y en los cuellos de botella. “Los retrasos en frontera -dice- pueden comprometer directamente la calidad y el valor del producto perecedero”. Ambas subrayan la necesidad de una mayor coordinación, recursos y colaboración público-privada.
Multimodalidad: entre la estrategia y la realidad
El transporte multimodal aparece como una de las grandes palancas de futuro para la logística europea. Integrar carretera, ferrocarril, marítimo e incluso aéreo permitiría optimizar costes y reducir emisiones, pero en hortofrutícola la fiabilidad sigue siendo el principal freno.
Antonia Giménez, directora del Departamento de Reefer de Grupo Raminatrans, considera que el multimodal es especialmente interesante cuando existen volúmenes estables y una planificación adecuada, pero advierte de barreras claras como la fiabilidad de los tiempos, la disponibilidad de infraestructuras de frío en terminales intermedias y la falta de integración real de sistemas y documentación.
Carmen Amador, Managing Director de Martico Group, coincide en que “el transporte multimodal es un pilar estratégico para el futuro de la logística en Europa”, aunque reconoce que su desarrollo pasa necesariamente por mejorar la coordinación entre operadores y adecuar infraestructuras.