En el Especial Navidad de 2024 hablaba de la sacudida emocional que había supuesto, para todos, la tragedia del 29 de octubre. Las consecuencias de la DANA, aumentadas hasta casi la multiplicación en función de las inoperancias varias de nuestros mandatarios, nos tenían como liebres deslumbradas.
Enseguida nos pusimos a trabajar, todo el sector, para echar una mano, aunque todas las manos eran pocas. Ha sido un año de concreto y duro trabajo extra. El grupo de voluntarios que, desde Aportem, nos hemos encargado de dar el mejor destino posible a las donaciones recibidas de toda España y del extranjero, hemos acabado especialmente cansados, aunque en absoluto desmoralizados ni con los brazos bajados, todavía. Aún quedan algunos fondos, aún habrá que darles el mejor uso posible. Aún nos llegan, constantemente, peticiones que precisan atención inmediata, de esa que solo pueden dar estructuras ágiles.
Los logísticos que han trabajado por los demás, de modo totalmente altruista, todo el año, como siempre pero más, merecen todos los reconocimientos del mundo, y alguno más. No sólo han hecho mucho y muy bien, sino, y creo que esto es lo más importante, lo han hecho todo de una forma que multiplica el mérito: con ilusión y alegría.
Estas situaciones especiales que la vida nos pone en nuestro camino pueden considerarse, hasta cierto punto, como una suerte. Tener ante tus ojos un núcleo de real y rotunda necesidad hace que nos examinemos de una forma profunda y concreta. Cómo nos comportamos cuando vienen mal dadas nos otorga el dato primordial, imprescindible, sobre lo que se puede esperar o construir partiendo de nosotros mismos.
Hemos vivido unos meses en los que ha quedado subrayado el inmenso valor del concepto “familia portuaria”. Eso de que todos trabajemos en contacto con todos, de que cada eslabón necesite del anterior y del siguiente para que la logística funcione, genera un roce, un cariño, una familiaridad a la que se le ha sacado el máximo provecho en esta situación en la que toda esa familia logística se puso de inmediato a disposición de los que más lo necesitaban.
Todo lo que ha ocurrido este año en la tragedia de la DANA nos tiene que servir, queramos o no, para sacar provecho y enseñanza. Para relativizar, agradecer, valorar... para reforzar todas esas cosas realmente imprescindibles de la vida.
Como cada año por estas fechas, vivimos días de reflexión. Aunque no solemos poner en el lugar que le toca a la necesaria autocrítica. Normalmente la vida no nos pone tantas opciones de auto examen. Este año, todos hemos tenido, de una u otra forma, la posibilidad de poner a prueba la capacidad de empatía, la capacidad de ayuda, la capacidad de autocrítica objetiva. Hoy podemos decir que el sector, ha vuelto a pasar el examen con nota.
Esperando que no nos toque volver a examinarnos de nada similar, no nos queda más que reconocer que este año nos hemos ganado el turrón... y una muy feliz Navidad.