Estados Unidos aplaza tres días la entrada en vigor de un gravamen del 50% a determinados productos canadienses tras alcanzar un principio de acuerdo con Ottawa, mientras la UE afronta desde julio nuevos aranceles del 10%
BARCELONA. La política arancelaria de Donald Trump vuelve a elevar, una vez más, la tensión comercial global. Estados Unidos ha aplazado durante tres días la entrada en vigor de nuevos aranceles del 50% sobre determinados productos procedentes de Canadá, después de que los dos países alcanzaran un acuerdo de última hora que permitirá continuar las negociaciones. El presidente estadounidense aseguró que ambas partes han llegado a un pacto pendiente de formalizar, mientras el primer ministro canadiense, Mark Carney, confirmó que se han producido avances significativos, aunque todavía quedan cuestiones por resolver.
Los nuevos gravámenes, que estaban previstos para comenzar a aplicarse este miércoles, afectan a unos 20.000 millones de dólares en importaciones canadienses, alrededor del 5% de las exportaciones del país hacia Estados Unidos. Entre los productos afectados figuran determinados bienes agroalimentarios, bebidas alcohólicas, cemento, madera, equipamiento deportivo y otros productos manufacturados. La medida responde, según la Administración Trump, al supuesto trato discriminatorio que Canadá aplica a productos estadounidenses, especialmente en sectores como los lácteos, el alcohol y el automóvil.
El aplazamiento supone un nuevo giro en unas negociaciones que se han intensificado durante las últimas semanas. Pese a la situación, desde Canadá se mantiene la cautela y se insiste en que todavía es necesario cerrar varios aspectos del pacto. Entre las cuestiones sobre la mesa se encuentran un mayor acceso de los productos estadounidenses al mercado canadiense, compromisos de seguridad económica y una mayor alineación en materia de comercio digital.
Europa a la espera
La presión sobre Canadá se produce después de que Estados Unidos haya endurecido también su política arancelaria frente a la Unión Europea. A finales de julio, Estados Unidos estableció nuevos gravámenes de entre el 10% y el 12,5% para numerosos países, incluida la UE, justificándolos mediante una investigación estadounidense sobre las medidas adoptadas por distintos países para combatir el trabajo forzoso en las cadenas de suministro.
En el caso europeo, Bruselas recibió la medida con una cautela relativamente positiva. La nueva tasa del 10% quedó por debajo del techo del 15% establecido en el acuerdo comercial alcanzado entre Estados Unidos y la Unión Europea en 2025. Aquel pacto fijó un arancel máximo del 15% para la mayoría de los productos europeos exportados a Estados Unidos, mientras la UE se comprometió a eliminar los aranceles sobre buena parte de los productos industriales estadounidenses.
La Comisión Europea, no obstante, cuestionó la justificación utilizada por Washington. Bruselas considera que la UE cuenta con una legislación sólida para combatir el trabajo forzoso y rechaza que Estados Unidos utilice esta cuestión como base para imponer nuevos gravámenes. Pese a ello, el Ejecutivo comunitario optó por valorar positivamente que la nueva tasa se mantuviera dentro de los límites pactados y priorizó preservar la estabilidad de las relaciones comerciales transatlánticas.
La incertidumbre sigue siendo uno de los principales efectos de la política comercial estadounidense, marcada por cambios frecuentes, nuevas amenazas y la utilización de los aranceles como herramienta de presión para obtener concesiones económicas y políticas.