Esta desaceleración está fuertemente influenciada por la concentración previa de carga por parte de los transportistas, el efecto moderador de los aranceles globales en la macroeconomía y los obstáculos logísticos que rodean a las regiones afectadas geopolíticamente. Además, las economías integradas en la cadena de valor de la inteligencia artificial (IA) están experimentando un auge significativo impulsado por la tecnología, y los cuatro principales exportadores netos de hardware relacionado con la IA (Taiwán, Corea del Sur, Tailandia y Malasia) han recibido importantes revisiones al alza en sus pronósticos de crecimiento. Por el contrario, las rutas comerciales tradicionales orientadas al consumidor hacia Europa y América del Norte enfrentan fundamentos debilitados, lastrados por el lento gasto de los consumidores internos y los elevados precios de la energía, entre otros problemas.
A estos desafíos estructurales se suma el carácter optimista del cronograma base del FMI, que prevé una reapertura gradual del Estrecho de Ormuz. Dada la reciente escalada de tensiones, este cronograma parece altamente improbable. El sector marítimo debe prepararse para interrupciones prolongadas en la red, cuellos de botella estructurales en el suministro y un aumento en los precios de la energía a lo largo de 2026.
Para sortear estos obstáculos, las navieras deberán mantenerse ágiles, alineando la capacidad disponible con los corredores tecnológicos de Intra-Asia y el Pacífico, al tiempo que optimizan las redes destinadas a los mercados minoristas lentos de Europa y América del Norte.