¿Cómo está siendo el año?Malo, muy malo, malísimo, un auténtico desastre. El sector del transporte de contenedores por carretera vinculado al Puerto de Valencia ha acumulado a su propia crisis estructural la crisis económica general que afecta a la mayor parte de actividades y empresas. Hay muchos transportistas en nuestro sector que han tenido que cerrar, otros han reducido sustancialmente sus estructuras, parando vehículos y despidiendo conductores y personal de gestión. La mayor parte de las empresas están en una situación límite, el límite de la supervivencia tratando de aguantar como sea. Los niveles de actividad son muy mediocres ya que el tráfico import-export durante el año 2013 arroja números rojos respecto al año anterior, tras varios ejercicios malos consecutivos. La importación de contenedores llenos sigue cayendo y la exportación, que en estos dos últimos años había permitido mantener un cierto nivel de actividad, ha ido también a la baja durante este año.
¿Cuáles son las perspectivas de futuro?Las previsiones no son optimistas. En el mejor de los casos nos agarramos a la idea de que resulta difícil que las cosas puedan estar todavía peor de lo que están, pero no hay razones objetivas que hagan pensar que la actividad pueda mejorar sustancialmente, ni por la perspectiva de un incremento relevante de la carga de trabajo (tráfico import-export), ni por la mejora de la rentabilidad que se obtiene actualmente por la prestación de los servicios.
¿Cuáles son las principales dificultades a las que se enfrenta el sector al que representa?La debilidad del transportista y el desequilibrio existente en la relación de los transportistas con sus clientes. No hay negociación, sino imposición unilateral de condiciones.Asimismo, la apropiación del margen o la posible rentabilidad derivada de la prestación del servicio de transporte por parte de los intermediarios. El cliente paga un precio por el transporte pero el transportista cobra mucho menos.Por otro lado, la falta de financiación y flexibilidad de las entidades financieras, frente al alargamiento y los excesos en los plazos de pago aplicados por buena parte de los clientes, más allá de lo legalmente establecido, y el contado rabioso exigido para al pago de los aprovisionamientos, salarios, obligaciones en materia de seguridad social, impuestos, etc. La propia Administración incide y refuerza estos desequilibrios aplicando criterios contradictorios, siendo inflexible en la exigencia sobre la fecha de pago de los impuestos, pero demorando indefinidamente las devoluciones que corresponden, sin ir más lejos, por ejemplo, en el caso del IVA.Además, la obsesión de las Administraciones (comunitaria, estatal y autonómica) por intervenir sobre la actividad para controlarla y limitarla, regulando todos los aspectos relativos a su desarrollo hasta el más mínimo detalle (reciclaje profesional obligatorio cada cinco años, visado de la autorización administrativa cada dos años, regulación detallada de tiempos de conducción y descanso, sin parangón en ningún otro sector, restricciones a la circulación, etc.). Conducta insistente la de la Administración que viene beneficiando a los intermediarios, poseedores actuales de una clara posición de poder en la negociación con los transportistas, en detrimento del desarrollo y organización operativos de la actividad de transporte y a otros modos de transporte, como el ferrocarril. Es llamativo que, respecto del ferrocarril no interese hablar de libre competencia con otros modos, siendo admisibles ayudas y subvenciones en evidente penalización del transporte por carretera y en beneficio de su desarrollo artificioso.Y, en definitiva, la pobre mentalidad del transportista a la hora de dignificar y poner en valor su actividad, lo que repercute en una acusada falta de madurez empresarial.
¿Y los principales retos?Aguantar y sobrevivir un día más, una semana más, un mes más, un año más.
En su opinión, ¿cuáles son los retos a los que se enfrenta el Puerto de Valencia y su comunidad logístico-portuaria?Lógicamente el principal reto, desde el punto de vista global, es el de la eficiencia en el desarrollo de las actividades y servicios portuarios, con el objetivo de lograr la satisfacción de los usuarios. Entre todos tenemos que hacer que el Puerto de Valencia sea atractivo para las mercancías, que los importadores y exportadores confíen en él para mover sus cargas. Para el logro de ese objetivo uno de los principales riesgos es el del conflicto. Para atajarlo hay que prevenirlo y tratar de evitarlo. Si finalmente se produce, no bastará con ignorarlo o intentar ocultarlo, como habitualmente se hace, sino que habrá que gestionarlo. Para ello es fundamental una mejor articulación de las relaciones entre los miembros de los distintos colectivos y grupos de interés que se mueven en el ámbito portuario. El respeto debe regir estas relaciones.
Sugerencias de mejora.Habría que profundizar y seguir evolucionando de forma ambiciosa en los desarrollos tecnológicos (valenciaportpcs.net, automatización de accesos a instalaciones, etc.) y operativos (closing time terrestre exigente que englobe toda la operativa import-export) aplicados sobre la actividad, facilitando la comunicación, la organización y la planificación de todos los que participamos en ella.Además, se debería mejorar la capacidad de aglutinar y encauzar el desarrollo equilibrado de las actividades por parte de la Autoridad Portuaria. Racionalizar algunos aspectos que inciden negativamente en la eficiencia de la actividad (calendario de festividades, puentes y celebraciones; fluidez de los accesos al puerto, incluida la salida de los contenedores vacíos; operatividad de las terminales y depósitos de contenedores; cumplimiento de las exigencias legales en materia de sobrepesos; revisión y limpieza de los contenedores vacíos, etc.)Y, finalmente, establecer cuentas de compensación para el cumplimiento de las obligaciones económicas con las Administraciones (impuestos, tributos, etc.) por parte de los obligados tributarios, de forma que los pagos y devoluciones efectivos se ciñan a los saldos o diferencias entre lo que hay que pagar y lo que se debe percibir.