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“Esta crisis nos enseñará a adaptarnos y estar preparados para el peor escenario”

En los casi 20 años que Juan Ramón Trilles lleva trabajando en Amarradores del Puerto de Valencia no recuerda haber pasado por una situación como la que el Covid-19 ha desencadenado. Este encargado de turno atiende a Diario del Puerto después de haber acabado su jornada laboral de 12 horas, pasadas las seis y media de la tarde. Se le nota en la voz que tiene ganas de llegar a casa.

  • Última actualización
    16 abril 2020 11:21

Muchas cosas han cambiado en la empresa desde que estallara la pandemia y, sobre todo, desde la declaración del estado de alarma. Él y sus compañeros ya no se duchan en el trabajo, ni dejan comida en la nevera de la oficina. Se pulverizan y desinfectan todas las instalaciones entre dos y tres veces al día. Los uniformes se lleva a casa a diario para lavarlos.

En los vehículos de la empresa siguen yendo dos amarradores, aunque ahora uno delante y otro en el asiento de atrás. Los coches se desinfectan después de cada turno, y los trabajadores utilizan guantes y mascarillas de forma obligatoria. Incluso se ha pedido presupuesto para instalar una mampara en los vehículos, parecidas a las que utilizan algunos taxistas.

Como en otras muchas empresas del puerto, los equipos de trabajo están compuestos siempre por los mismos miembros, que tienen asignado siempre el mismo coche. “En caso de contagio, podríamos aislar al mismo equipo y que no afectara al resto de la plantilla y, sobre todo, al servicio”, según Trilles. Amarradores del Puerto de Valencia también ha optado por el teletrabajo, sobre todo para el personal de administración.

El amarre, al igual que el remolque, es uno de los servicios portuarios que más puede pulsar el ascenso o descenso de actividad en el recinto por su contacto directo con los buques. “Al principio de esta crisis no notamos ningún descenso en nuestra actividad, aunque bien es verdad que en los últimos días percibimos una ligera bajada en nuestra carga de trabajo”, adelanta Trilles.

“Aunque mi familia comprende que tenga que salir a trabajar y las razones por las que lo hago, les preocupa” 

Para Trilles, llegar a casa supone un alivio. Este profesional del amarre es perfectamente consciente de la importancia de su actividad para que un puerto como el de Valencia no se detenga. Y aunque tiene presente el riesgo que supone salir a trabajar, “lo asumimos porque la economía, en estos momentos, no se puede parar”.

Para su pareja y su hija de tres años, el riesgo existe. “Aunque comprenden que tenga que salir a trabajar y las razones por las que lo hago, les preocupa”, admite. Y es que la irrupción del Covid-19 en la vida diaria ha dado al traste con las rutinas de los ciudadanos, rutinas que en otro momento parecen cadenas pero que en momentos como éste se antojan un regalo. “Echo de menos hacer ejercicio, salir con mis amigos, disfrutar de mi familia”.

 ¿Y después de la crisis sanitaria que habrá? Es la pregunta del millón para la que hay casi tantas respuestas como entrevistados. “A nivel de servicio, no habrá muchas diferencias”, afirma. “En lo que sí notaremos el cambio será en nuestras relaciones con los demás y, sobre todo, en la toma de decisiones que tengan que ver con la seguridad y la preparación para hacer frente a una nueva oleada de este tipo”. “Esta crisis nos enseñará a adaptarnos y a estar preparados para el peor escenario”.