La fotografía que deja el análisis del informe de DNV y Menons Economics es clara: la competitividad portuaria se está desplazando desde la primacía del volumen hacia una combinación equilibrada de resiliencia, conectividad, sostenibilidad y capacidad de adaptación. Los puertos que liderarán el futuro serán aquellos capaces de:
- Integrar cadenas logísticas diversificadas y robustas.
- Mantener una conectividad densa aun en periodos de crisis.
- Incorporar automatización y digitalización con rapidez.
- Reducir emisiones mediante estrategias verificables.
- Esablecer marcos de gobernanza estables y colaborativos.
En un entorno marcado por tensiones geopolíticas, aceleración tecnológica y nuevas exigencias ambientales, el liderazgo portuario ya no dependerá solo de mover más contenedores, sino de gestionar mejor la incertidumbre.