La eólica marina ha dejado de ser una promesa para convertirse en una de las mayores oportunidades de crecimiento de los puertos españoles, que afrontan una carrera para adaptar sus infraestructuras, atraer industria y consolidarse como nodos estratégicos de una cadena de valor llamada a transformar el mapa portuario y energético del país.
La eólica marina ha entrado definitivamente en la agenda estratégica de los puertos, impulsada por la transición energética, el crecimiento previsto de la eólica flotante y por una decisión política que marcará el desarrollo del sector durante los próximos años: la puesta en marcha del programa PORT-EOLMAR.
Así, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) ha destinado a este programa un total de 212 millones de euros para adaptar las infraestructuras portuarias a las necesidades logísticas e industriales de la eólica offshore. Esa inversión pública, además, actúa como efecto multiplicador al exigir proyectos industriales privados de cuantía equivalente o superior, lo que convierte la iniciativa en uno de los mayores programas de transformación portuaria vinculados a la transición energética.
Sin embargo, el verdadero valor de PORT-EOLMAR no reside únicamente en la financiación. El programa ha servido para acelerar proyectos que muchos puertos ya habían incorporado a sus planes estratégicos, reforzando una especialización que combina nuevas infraestructuras, captación de industria, disponibilidad de suelo y creación de ecosistemas logísticos de alto valor añadido.
Realidades diferentes, visiones compartidas
En este sentido, las respuestas de las autoridades portuarias de A Coruña, Avilés, Bilbao y Tarragona a Diario del Puerto Publicaciones reflejan que, aun partiendo de realidades diferentes, existe la visión compartida de que la eólica marina será uno de los grandes motores de crecimiento de la próxima década.
En el caso de A Coruña, la apuesta es decidida. La Autoridad Portuaria considera que la eólica marina constituirá ”uno de los principales vectores de crecimiento” del puerto dentro de su estrategia ”A Coruña Green Port”, concebida para convertir Punta Langosteira en un gran polo industrial, energético y marino. La reciente concesión de 97,5 millones de euros procedentes de PORT-EOLMAR permitirá desarrollar la zona sur del puerto exterior con un nuevo muelle y amplias explanadas destinadas a la fabricación y montaje de componentes para parques offshore. El proyecto, presentado conjuntamente con el Puerto de Ferrol, aspira a convertir el golfo Ártabro en uno de los grandes hubs europeos de la eólica marina.
Mientras A Coruña proyecta el futuro, Avilés reivindica su presente. Para el puerto asturiano, la eólica marina no representa una nueva oportunidad, sino un sector estratégico consolidado desde hace más de quince años. Desde enero de 2012 ha participado en más de una treintena de proyectos eólicos terrestres y marinos y ha superado las 19.300 piezas embarcadas, alcanzando en 2024 un récord de 174.217 toneladas de componentes movidas. Esa experiencia constituye, a juicio de la Autoridad Portuaria, su principal ventaja competitiva frente a otros puertos europeos.
La estrategia de crecimiento de Avilés pasa ahora por disponer de más espacio. La ampliación prevista de 78.000 metros cuadrados de suelo portuario en la margen derecha y la negociación para incorporar otros 346.000 metros cuadrados correspondientes a las antiguas baterías de cok de ArcelorMittal responden a una idea que resume perfectamente la visión del puerto: ”El suelo no es un fin en sí mismo; es la condición habilitante para atraer industria, crecer en actividad y crear empleo”.
Una visión distinta, aunque complementaria, ofrece el Puerto de Bilbao. La Autoridad Portuaria evita presentar la eólica marina como una actividad aislada y la integra dentro de un ecosistema industrial mucho más amplio, donde conviven empresas como Haizea Wind, Navacel, Lointek o Siemens Gamesa junto a operadores logísticos especializados. Bilbao insiste en que el papel de una autoridad portuaria no consiste en impulsar un sector concreto, sino en proporcionar infraestructuras eficientes capaces de responder a las necesidades de toda la industria.
Ese planteamiento explica que las inversiones previstas, desde explanadas de elevada capacidad portante hasta nuevas superficies derivadas de la segunda fase del Espigón Central, se conciban como actuaciones que incrementan la competitividad global del puerto y no exclusivamente la de la eólica marina. La prioridad, sostiene la Autoridad Portuaria, es gestionar un recurso tan limitado como el suelo para maximizar el valor económico, industrial y logístico generado por cada metro cuadrado del dominio público portuario.
Si el Atlántico concentra buena parte de la actividad actual, Tarragona aspira a convertirse en la gran referencia mediterránea para la eólica flotante. El puerto catalán considera que el proyecto ha trascendido el ámbito estrictamente portuario para convertirse en ”un proyecto de país”, gracias al respaldo de la Generalitat y a la existencia de un tejido empresarial formado por más de un centenar de compañías vinculadas al sector eólico.
La inversión prevista alcanza los 80 millones de euros para construir la segunda fase del Moll de Balears, de los que 24 millones procederán precisamente de PORT-EOLMAR. La ampliación añadirá 22 hectáreas de superficie operativa y un calado de 23,5 metros, con el objetivo de que las instalaciones estén plenamente operativas en 2029, coincidiendo con los primeros grandes desarrollos de eólica marina flotante previstos en el Mediterráneo occidental, especialmente en el Golfo de León.
Factores comunes de competitividad
Más allá de las diferencias geográficas, las cuatro autoridades portuarias coinciden en un elemento esencial: la competitividad ya no depende únicamente de disponer de buenos muelles. La capacidad para ofrecer grandes superficies logísticas, calados adecuados, conexiones terrestres eficientes, experiencia en project cargo y un potente tejido industrial asociado resulta hoy tan determinante como la propia infraestructura portuaria.
También existe consenso respecto a los principales desafíos. Tanto A Coruña como Tarragona consideran imprescindible que el Estado convoque cuanto antes las primeras subastas de parques eólicos marinos para aportar certidumbre a las inversiones. Avilés reclama una planificación estable y sostenida en el tiempo que permita consolidar el crecimiento de la industria, mientras que Bilbao pone el foco en la estabilidad regulatoria, la competitividad de la cadena de suministro y la colaboración entre administraciones, empresas y puertos como elementos imprescindibles para consolidar un ecosistema industrial competitivo.
Cada puerto desarrolla su propia estrategia y explota ventajas diferentes, pero todos persiguen el mismo objetivo de situarse en el centro de una industria llamada a generar miles de millones de euros en inversiones, empleo cualificado y actividad logística durante las próximas décadas. Además de cambiar el modelo energético español, la eólica marina está llamada también a redefinir el mapa de especialización de los puertos españoles.