CASTELLÓN. El 2 de abril se cumplen 124 años desde la creación de la Junta de Obras del Puerto, la institución que en 1902 dio el impulso definitivo a lo que hoy conocemos como PortCastelló.
Aunque la efeméride de hoy marca el inicio institucional, la semilla de PortCastelló se plantó mucho antes, impulsada por el carácter reivindicativo de la sociedad castellonense.
Ya en 1716, diversas villas de la provincia solicitaban al rey Felipe V un embarcadero para dar salida a productos como el vino, el aceite o la seda. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó en 1865.
En aquel año, un grupo de 39 empresarios y políticos, liderados por el ingeniero Leandro Alloza, escribieron a la reina Isabel II con una visión clara: Castellón necesitaba un puerto para exportar su cerámica, sus cítricos y sus productos agrícolas.
Aquella misiva no solo justificaba la necesidad técnica por la llegada del ferrocarril, sino que apelaba al desarrollo de una industria que, siglo y medio después, sigue siendo el motor de nuestra economía.
La historia del puerto no ha estado exenta de desafíos. Desde sus inicios, la financiación fue una batalla constante; al no ser considerado inicialmente de “interés general”, la sociedad civil tuvo que movilizarse en Madrid para lograr que el Estado asumiera su coste en 1882.
Décadas más tarde, el puerto sufrió las cicatrices de la Guerra Civil, quedando prácticamente impracticable tras los bombardeos que destruyeron muelles y vías férreas. Lejos de rendirse, la infraestructura resurgió con fuerza en los años 60 con la creación del polígono del Serrallo y la llegada de la refinería ESSO (actual BP).
Este hito multiplicó el tráfico de mercancías de 431.000 toneladas en 1966 a más de 4,3 millones solo un año después, posicionando a Castellón por encima de Valencia y Alicante en aquel momento.