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¿A quién quieres más?

Hubo un tiempo en que Madrid se inventó una feria logística bajo la consigna de que era inadmisible que el principal eje logístico nacional estuviera de miranda mientras Barcelona capitalizaba la concejalía sectorial de festejos.

  • Última actualización
    20 noviembre 2018 18:19

Y así surgió Logitrans, en 2008, para poner la guinda al paradigma de lo que éramos y modelada a imagen y semejanza de aquellos tiempos de ínfulas y paja. De la primera edición, inflada de dinero público y de oropel institucional como se ceban los cerdos para la matanza, quedó para la memoria colectiva aquella foto de Camps y Aguirre a los mandos de un portapaquetes de Correos, como Audrey y Gregory a lomos de la Vespa, aunque en el caso de ambas glorias patrias no sólo ella no era lo que parecía, tampoco él, y no se trataba precisamente de sangre azul lo que escondían.

Como no podía ser de otra forma y tras algún que otro estertor, todo aquello se diluyó de la noche a la mañana, disimulado en el socorrido alud de la crisis.

No olviden, por cierto, que la coyuntura (qué bello y poético eufemismo) también mató a LogisExpo, ascendida con indignidad al cadalso en aquella última edición donde ni moqueta pusieron y cuando ya ni su exasperante localismo tapaba los huecos.

Más allá del veneno institucional, en aquellas aventuras había implícito, además, un profundo desdén hacia la obra de Lacalle desde el convencimiento indolente de creer saber cómo se hacen realmente bien las cosas.

Reconozcamos que el sector ha renegado siempre por deporte de su feria de referencia y, sí, no le faltaban razones porque todo es mejorable, pero de los cadáveres hoy sólo se acuerda gente tan pedante e insoportable como servidora mientras el SIL ahí sigue, año tras año, y… para qué decir más, sigue, con expositores y visitantes que edición tras edición quieren volver a ser expositores y visitantes.

Viene esto a colación porque diez años después Madrid ha logrado por fin tener una feria logística consolidada, Logistics & Distribution, que tras siete ediciones evidencia tres de las cuestiones referidas.

Primero, cuando los intereses son “profesionales” se logra la respuesta de los profesionales. Hablamos de una feria que tuvo su semilla en un certamen de embalaje, que ha migrado de forma natural y complementaria hacia la logística y que ha sabido encontrar un nicho natural en la intralogística, allá donde también triunfaba en la capital la antigua Manutec. La seriedad de la propuesta y su claro enfoque práctico han hecho el resto.

Segundo, acertar el primer año no significa que vayas a acertar el segundo y ni mucho menos el séptimo. Ya sea por los contratiempos de última hora en su equipo directivo o por el intento de romper algunos esquemas, Logistics este año ha dados bastantes pasos en falso. Fue un error aceptar las fechas de Ifema e inaugurar un lunes tras un puente; fue un error intentar cobrar por asistir a las jornadas; y fue un error el contenido de gran parte de las mismas, deslavazado y reiterativo, como si lo importante fuera la cantidad. Las cifras de visitantes reconocidas por la propia organización reflejan el frenazo, justo el año del gran salto cualitativo, cuando se estrenaba un pabellón exclusivo.

Y tercero, seguimos analizando las ferias sin saber escapar de las comparaciones odiosas y, lo que es más importante, sometidos a ese complejo de tener que decir si queremos más a papá o a mamá, cuando en un mercado tan limitado como el nuestro si dos o más propuestas van hacia adelante es porque son, como mínimo, complementarias.

Pero ya saben, aquí si no rajamos, no avanzamos…