El jueves pasado volví a un lugar que conocía muy bien sin haberlo pisado apenas en las últimas décadas. La convocatoria de Adif para la apertura de las ofertas de la licitación de la terminal intermodal de Júndiz citaba a las 12.00 horas en la Gerencia de Servicios Logísticos Norte, en la estación de Abando de Bilbao, una dirección tan precisa como evocadora: “Edificio final del andén 8”. Y allí fui, caminando por ese andén desde el que durante décadas salieron los grandes trenes de largo recorrido de Bilbao. No pude evitar que se agolparan los recuerdos: el “Picasso” hacia Málaga, el Wagons-Lits nocturno a Madrid, el Talgo directo a la capital, el “Autoexpreso” a Alicante. Barcelona. Vigo. A Coruña... Más que viajar, de niño iba allí a despedir o recibir familiares que se marchaban o volvían de vacaciones. La estación era la puerta al país. Hoy Bilbao es una isla ferroviaria en la España de la Alta Velocidad.
La pantalla del andén 8 apenas anunciaba tres salidas ese día: Miranda de Ebro, Barcelona y Madrid. Y allí al final del andén, aún permanecían en pie, decrépitos pero orgullosos, los viejos almacenes con sus grandes rótulos de vinos, aceites y licores de Zugazabeitia y Legarra, de Bodegas Bilbaínas, de Urrestarazu...el edificio de A. Conrad y Cía, “Agencia de Aduanas y Coloniales”, como testigos mudos de una época en el que el tren vertebraba el transporte.
El caso es que los periodistas acudimos a este tipo de actos administrativos como el invitado inesperado en una fiesta. Pero allí estaba yo, sentado discretamente junto a la mesa, mientras arrancaba una liturgia tantas veces repetida. Doce en punto. Presentación de asistentes presenciales y telemáticos. Lectura de puntuaciones técnicas. Apertura de ofertas económicas. Sólo faltó rezar el Ángelus. Apenas doce minutos después ya había un ganador oficioso. Si el procedimiento sigue su curso, en septiembre la terminal de Júndiz será explotada durante seis años, prorrogables hasta veinte, por una UTE integrada por Medlog, brazo logístico de MSC, junto con las autoridades portuarias de Bilbao y Pasaia, CTVi, la Cámara de Álava y SIBPort.
En Júndiz arranca el tren que Euskadi estaba esperando
Más allá del resultado de la licitación, lo interesante es que administraciones, puertos, operadores logísticos e iniciativa privada reman en la misma dirección; esa forma tan vasca de construir país mediante alianzas estratégicas. Siendo una terminal ferroviaria, Júndiz se convierte así en una auténtica apuesta de país. Confieso también que hubo algo que me sorprendió: la ambición de la oferta económica del consorcio ganador, de mover 300.000 UTIs durante los seis primeros años cuando en 2025 Júndiz apenas manipuló 4.723. La propuesta plantea pasar de 15.000 UTIs el primer año a 45.000 el segundo y 60.000 anuales a partir del tercero. Es decir, multiplicar por más de doce la actividad actual. El músculo de MSC y Medlog es grande y el reto es de altura. Pero si esas cifras están negro sobre blanco será porque alguien cree que pueden alcanzarse. Y eso, por sí mismo, ya es una magnífica noticia.
La coincidencia temporal tampoco parece casual. Mientras Júndiz acelera, el Gobierno Vasco prepara la futura Ley del Sector Ferroviario de Euskadi, que por primera vez incorporará expresamente el transporte ferroviario de mercancías dentro de un marco regulador propio. No es un detalle menor. Significa reconocer institucionalmente que la competitividad industrial de Euskadi también pasa por el ferrocarril y por la intermodalidad.
Quizá por eso, cuando abandoné el edificio del final del andén 8, tuve la sensación de haber asistido a algo más importante que una simple apertura de ofertas. Esa mañana no sólo avanzó una licitación. También pareció arrancar un tren que llevaba demasiado tiempo detenido. Que no se detenga.