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Artemis y el juego de las luces

  • Última actualización
    08 abril 2026 05:20

Me he asomado a la foto que de la Tierra ha difundido la NASA -firmada por el comandante Wiseman, al mando de la misión Artemis II- con la única intención de buscarme afanado en el jardín de mi retiro de Semana Santa, y me he sentido como Antoine de Saint-Exupery a los mandos de su Breguet XIV de camino a Casablanca.

Los bocetos descubiertos en Suiza en 2019 revelan que el primer dibujo que garabateó el autor de “Vuelo Nocturno” para ilustrar “El Principito” no fue el rostro del niño, ni siquiera el elefante y la boa y mucho menos el perfil de un avión. El primer diseño que aparece es un mercante sobre las olas del mar, con la chimenea humeante y la proa y la popa equidistantes. El color de ese mar es el gris del papel de correo aéreo usado para los bocetos por Saint-Exupery, tan diferente al azul sobre el que pintó tantas estelas y que aparece sobrecogedor en la imagen del comandante Wiseman, aunque en ese instante y en esa cara de la Tierra fuera de noche, si bien la ISO de la cámara del astronauta fue capaz de rescatar toda su esencia.

Pese a la altísima resolución de la imagen y por mucho que la ampliemos, no se distinguen aviones ni por supuesto barcos y tampoco sus estelas y, como comprenderán, ni se ve a servidor, ni mi retiro ni nada que se le parezca...

...pero yo estoy ahí, se lo aseguro, y también todos ustedes y todos sus quehaceres. Todos estamos pero sin estar, porque ese es el sino cuando se asciende a lo más alto y, como relataba Saint-Exupery, descubres que todo se para, que todo queda detenido, que desde el aire, que desde el espacio, la vida, la única que conocemos y la única en la que nos reconocemos, no fluye, se congela, inmóvil, eterna, y todo el fragor, toda la agitación, toda la actividad, todo el movimiento, toda la movilidad, toda la logística es allá abajo a los ojos de la inmensidad interestelar la insignificancia del espacio detenido, tan desconcertantemente relativo.

$!La Tierra vista desde Artemis II.

En el instante en el que el comandante Wiseman apretó el botón de su cámara de fotos, insisto, justo en ese instante es imposible hacer inventario de todas y cada una de las infinitas cosas que estaban sucediendo en la Tierra al mismo tiempo y, en cambio, desde el espacio... no parecía estar pasando nada.

Ahora bien, ha querido la fortuna que en esa imagen, además de océanos y nubes se distinga una pequeña parte de tierra de la Tierra. Se trata principalmente del norte de África y de la inmensa protuberancia que anticipa el Golfo de Guinea. No obstante, abajo del todo, en el extremo, patas arriba, también se distingue completa la Península Ibérica, con España entera del revés y, por aquello de que era de noche, el brillo de las grandes ciudades, Madrid la primera, una mancha amarilla, suma de tantas luces, suma de tantas bombillas, suma de tantos interruptores accionados por la suma de tantos dedos de tantas manos de tantos brazos de tantos cuerpos de tantas personas iluminándose, de tantas personas viviendo.

Claro que no olviden lo que también decía Saint-Exupery en “Piloto de guerra”. “A diez mil metros de altura, una bomba es como una bombilla que se enciende y se apaga”.

Y es que esta es la contradicción de la humanidad: mientras diseñamos la más avanzada logística para conquistar mundos ajenos, afinamos esa misma logística para destruir el propio.

La guerra de Oriente Medio amenaza con la destrucción y con la parálisis global, mientras viajamos a la luna para caer en la paradoja de que a simple vista ya estamos paralizados. Es el juego de las luces...