Cada vez que leo el periódico, escucho una tertulia radiofónica o comparto un café con colegas, con profesionales del sector logístico o con amigos de la cuadrilla, tengo la sensación compartida de que vivimos instalados en una crisis permanente. Que si la incertidumbre geopolítica. Que si los aranceles. Que si la guerra. Que si el gasóleo. Que si los tipos de interés. Que si el estrecho de Ormuz. Que si China. Que si Trump. Que si Europa. Que si... El diagnóstico parece inapelable: todo va mal.
Y, sin embargo, el comercio mundial sigue creciendo. No es una opinión. Lo dice la Organización Mundial del Comercio en su último Barómetro del Comercio de Mercancías de junio, que sitúa el indicador en 101,7 puntos, por encima de la tendencia, y mantiene previsiones de crecimiento para 2026 pese al conflicto en Oriente Medio y al encarecimiento de la energía. Y lo sorprendente es que reconoce que una parte de ese crecimiento se explica por el aumento de la demanda de bienes vinculados a la Inteligencia Artificial. Confieso que esto último no lo vi venir.
Llevamos años escuchando que la Inteligencia Artificial destruirá empleos, sustituirá profesionales, alterará sectores enteros y cambiará nuestras vidas. Todo eso puede acabar ocurriendo. Pero lo que pocos podíamos pensar es que también empujaría el comercio mundial. Y es que resulta que los servidores, los chips, los componentes electrónicos y toda la infraestructura física que necesita la IA también viajan en barcos, aviones, camiones y trenes. La revolución digital, una vez más, necesita toneladas de acero, contenedores y combustible para funcionar.
El comercio global continúa creciendo y nosotros seguimos quejándonos
Los yonkis del crecimiento estarán de enhorabuena. Porque el crecimiento sigue ahí. Crecen las mercancías, los contenedores, los paquetes, el comercio electrónico, las entregas de última milla, las plataformas logísticas, los centros de datos, los buques portacontenedores, los aviones cargueros... Crece casi todo. Y cuando algo no crece, simplemente crece un poco menos.
Quizá por eso el transporte y la logística pueden respirar relativamente tranquilos. Los fletes suben y bajan. El Brent sigue dando sustos. Los conflictos bloquean rutas. Los gobiernos anuncian medidas proteccionistas. Pero el comercio sigue encontrando caminos. No se detiene. Como mucho, ralentiza el paso. “Eppur si muove”, que decía Galileo. Y se mueve mucho.
Otra cuestión es si este crecimiento permanente nos está resolviendo los problemas que realmente preocupan a la gente. Porque mientras celebramos nuevos récords de comercio, millones de padres observamos cómo nuestros hijos siguen sin poder acceder a una vivienda digna para poder emanciparse. Si la Inteligencia Artificial es capaz de impulsar el comercio global, también podría ayudarnos a construir más viviendas, reducir costes o facilitar la emancipación de toda una generación... Vamos, digo yo.
Mientras tanto, ahí están los datos. La OMC los publica. Los economistas los interpretan. Los gobiernos los utilizan. Los medios los contamos. Y cada uno de nosotros los incorporamos a nuestra propia visión del mundo. Porque con la estadísticas, al final ocurre siempre lo mismo. No discutimos tanto los números como el significado que queremos darles. El Barómetro de la OMC apunta al crecimiento. El comercio continúa avanzando y nosotros seguimos quejándonos. Lo desconcertante es que tal vez ambas cosas sean ciertas al mismo tiempo.