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Beatles: una historia de puertos

  • Última actualización
    16 junio 2026 05:20

Hace apenas unas semanas caminaba por St. Pauli, el barrio portuario de Hamburgo donde los Beatles aprendieron a ser los Beatles. La semana pasada paseaba por Liverpool. Y este martes 16 de junio recorro los pasillos de Breakbulk Europe en Róterdam. Tres puertos. Tres ciudades abiertas al mundo donde el comercio, la industria, la música y el fútbol parecen formar parte de la misma historia. Y en el centro de ese pequeño mapa, siempre Bilbao. Porque como dijo Miguel de Unamuno, “el mundo entero es un Bilbao más grande”.

La mañana del 11 de junio transcurrió en el Royal Liver Building, uno de los grandes símbolos de Liverpool. Desde sus ventanales, el Mersey parecía avanzar hacia el mar con la misma naturalidad con la que lleva siglos moviendo mercancías, personas e ideas. Allí, la Autoridad Portuaria de Bilbao y Uniport presentaron sus servicios logísticos en una ciudad que sabe mucho de comercio internacional ya que durante buena parte de los siglos XIX y XX fue uno de los puertos más importantes del mundo.

Horas después, ya de noche, apenas unos cientos de metros más allá, me encontraba en The Cavern disfrutando un tributo a los Beatles, cuya historia empieza mucho antes de las guitarras. En el puerto. Durante generaciones, Liverpool vivió abierta al mundo gracias a los barcos que llegaban desde América para desembarcar algodón, tabaco, cereales y también discos imposibles de encontrar en otras ciudades británicas. Aquellos sonidos de Rhythm & Blues, Soul y Rock & Roll llegaron antes a Liverpool porque llegaron por mar. John Lennon decía que Liverpool estaba más conectada con América que muchas ciudades inglesas.

Tampoco es casualidad que The Cavern se encuentre en Mathew Street, una zona históricamente vinculada a la actividad comercial. Las bóvedas subterráneas donde hoy miles de visitantes cantan canciones de los Beatles nacieron con fines mucho más prácticos que revolucionar la música popular. Aquellos sótanos formaban parte del entramado de almacenes de la ciudad.

Mucho antes de que el Mersey diera nombre al Merseybeat, el río ya transportaba mercancías, marineros e influencias llegadas de medio mundo. Quizá por eso los Beatles sólo podían surgir en una ciudad portuaria. Liverpool llevaba siglos importando mercancías cuando empezó a importar música. Y cuando aquella música salió de Mathew Street al resto del planeta, hizo exactamente lo mismo que las mercancías que llenaban sus muelles: viajar. Aquellos jóvenes de Liverpool que llegaron a Hamburgo en 1960 para realizar su primera residencia en locales del barrio rojo como el Indra y el Kaiserkeller, y que entre 1961 y 1963 tocaron 292 veces en The Cavern, encontraron entre estos dos grandes puertos europeos la ruta a la fama. Quizá por eso la presentación de Bilbao en Liverpool tenía tanto sentido. Los puertos hablan entre ellos con una naturalidad especial. Durante el encuentro se recordaron los vínculos históricos y futbolísticos entre ambas ciudades, con Howard Kendall y Andoni Iraola como nombres propios.

Y hablando de fútbol, recuerdo con todo detalle mi primera visita a Liverpool un 26 de octubre de 1991. Aquella tarde el Liverpool ganó 1-0 al Coventry City en Anfield. Yo estaba en la grada visitante. Mi equipo perdió. Pero regresé a casa convencido de haber ganado. Ian Rush, el mítico delantero centro red, envió un balón por encima de la portería de Steve Ogrizovic, el meta sky blue, y el disparo terminó donde yo estaba. Como portero aficionado, logré atraparlo limpiamente con las dos manos. Treinta y cinco años después he vuelto a Liverpool para hablar de puertos. Y sigo pensando que aquella parada me supo a victoria.

Los Beatles sólo podían surgir en una ciudad portuaria