En estos tiempos, mis pobres ojitos solo me piden... dormir. Si los mantengo abiertos por algo que no sea por mis críos, tiene que ser algo muy especial, además de la Champion y la Liga, claro. Entre esas cosas especiales, está la buena información. Estar bien informados ya no es una opción. Es una cuestión de supervivencia.
Uno deja el baile, el karate, la guitarra, el inglés, el buceo o el quiromasaje porque no acaba de ver que el aprendizaje compense el uso posterior. Por la misma regla de tres podemos estar más que tentados de dejar de estar muy informados y muy bien informados, al sentir que no sirve de nada, que no tiene un uso práctico más allá de las fronteras de uno mismo.
El cuñadismo se ha apoderado de conversaciones, debates, ideas y posturas. Nadie quiere escuchar, tan solo repetir, cada vez con más vehemencia, las mismas expresiones, argumentos, datos, sean o no sean ciertos, este bien, mal o fatal informado. Ningún terraplanista va a reconocer lo orondo del planeta, aunque lo vea desde la luna lunera. Cada vez somos más radicales. Solo importa quién ha hecho qué. De que partido es. Si es uno de los nuestros o no. Con el color de nuestro cristal se juzga todo. La radicalización lleva a clasificarlo todo en verdad absoluta y mentira podrida. En rojos y azules. En blancos y negros, sin tonos, sin grises. Esa radicalización es la que nos lleva a ser más impermeables a las ideas ajenas. Por tanto, los que se esfuerzan más en conocer la verdad que en tener la razón, lo tiene bastante jodido. No vamos a encajar en ningún sitio. Porque quien conoce buena información, puede, sin duda, dar la razón a unos en unos puntos y a otros en otros. Eso, hoy en día, no es admisible en este mundo de conmigo o contra mí. O pides la muerte de este o aquel político, o estás muerto. Esto nos lleva, cada vez con más frecuencia, a no poder expresar nuestros datos, nuestras ideas. Todo lo que no sea agarrar una u otra pancarta no interesa a nadie. Es más, nadie te va a considerar de los suyos si no eres totalmente de los suyos.