Catalunya está inmersa en el caos ferroviario desde hace quince días. En el transporte de pasajeros, de hecho, hace años que los usuarios de Rodalies están absolutamente maltratados por Renfe, pero en las últimas dos semanas la cosa ha ido incluso a peor. Los usuarios del servicio hace más de dos semanas que no saben si los trenes a los que acostumbran a subirse van a pasar o no; y si pasan, con cuánto retraso lo van a hacer (eso antes ya les pasaba también). Los servicios de AVE también se han visto afectados y los trenes que conectan con Madrid operan con retraso. El secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, se ha trasladado temporalmente a Catalunya hasta que se mejore la situación, pero no parece que tenga una buena solución a corto plazo.
Ante este panorama, el transporte ferroviario de mercancías también se ha visto afectado por los cortes en diferentes vías de Catalunya, que según anunció José Alberto Carbonell, hoy deberían empezar a reabrirse parcialmente y permitir el paso de algunos trenes dirección la frontera francesa.
Las dificultades para sacar las mercancías en tren del Puerto de Barcelona acapararon todo el protagonismo en la rueda de prensa de presentación de resultados de Port Barcelona. Incluso los medios generalistas, poco dados a preguntar acerca de la actividad logística de la Autoridad Portuaria, mostraron interés en profundizar sobre la situación. Los responsables de Port de Barcelona, que respondieron a todo a pesar de que las incidencias en las infraestructuras ferroviarias son competencia de Adif y no de la Autoridad Portuaria admitieron que la situación supone una crisis reputacional también para Port de Barcelona y el presidente de la institución reclamó que una vez la situación ferroviaria en Catalunya recupere la normalidad, Adif lidere el desarrollo de un plan de contingencia para responder de manera más rápida y mejor a posibles futuras crisis en el transporte de mercancías por tren como la que se está viviendo actualmente.