Mi afición a la mar me llevó a comprar un velero con motor, un “Endurance 35”, construido con toda meticulosidad y calidad por Astilleros Belliure, de Calpe. Lo bautizamos con el nombre de “Caledonian”. Un barco muy sólido. Era modelo Ketch de dos palos. Una eslora de 10,75 metros. Lo teníamos atracado en el Club Náutico de Calpe, del cual éramos socios. Con el hemos navegado Ana y yo, más amigos, escalando en puertos de nuestra costa y Baleares.
Un fin de semana salimos a navegar desde Calpe y se me ocurrió ir mar a dentro pues el tiempo era muy bueno. Paramos el motor. Navegábamos solo a vela con la génova, mayor y mesana izadas. Venía con nosotros Guillermo Prado y María Jesús. Cuando ya pensamos que era hora de volver, viramos en redondo y pusimos proa a Calpe. Enseguida vi por estribor un barco que iba muy pegado a tierra hacia el Sur. Era un petrolero. Guillermo me llamó la atención, pues parecía que llevábamos rumbos convergentes. Yo le dije que no se preocupara, que el petrolero tenía que gobernarnos, pues nosotros íbamos a vela. A mí me extrañó mucho que un petrolero fuera navegando tan pegado a tierra, pero era así. Los rumbos seguían convergentes. Yo vigilaba el rumbo del petrolero, esperando que cayera a babor y nos dejara libre nuestro rumbo. Pero eso no sucedía. Guillermo se puso muy nervioso. Llegó un momento de riesgo de colisión. Me bajé a la cámara, arranqué el motor y puse el timón todo a babor. El barco se nos balanceó mucho, pues llevábamos las tres velas más grandes izadas más el aguaje que generaba el petrolero, pero la fuerza del motor dominó y por muy poco pudimos salirnos de la derrota del petrolero, que mantuvo su rumbo inalterable. Tan cerca nos pasó que pude leer su nombre: “Campogenil”. Yo estaba indignado. Cuando terminó de pasar el petrolero, pudimos reordenar las velas y seguir nuestro rumbo, pero no me pude reprimir. Por la radio llamé por el canal 16: “Campogenil, Campogenil, aquí Caledonian. Soy el velero que casi abordan por su amura babor. ¿Es que no han visto ustedes nuestras velas?”. Una voz me dijo: “Le paso con el Capitán”. El capitán me dijo con mucho genio: “¿Es que usted no conoce el cambio del Reglamento, que todas las embarcaciones pequeñas tienen que dejar paso franco a los barcos grandes? Mañana nos veremos en la Comandancia de Marina de Alicante”. Le contesté: “El cambio del Reglamento se refiere a canales y puertos. Nosotros estamos en mar abierto y yo voy a Calpe no a Alicante”. Dejé la radio conectada y no volvió a decirme nada.
“Campogenil, Campogenil, aquí Caledonian. ¿Es que no han visto ustedes nuestras velas?”
Pero el mundo da muchas, muchas vueltas. Y es verdad. La Autoridad Portuaria de Valencia construyó un atraque para petroleros a continuación del muelle Sur, un atraque con duques de alba. Los petroleros no necesitan muelle para operar. Se atracan sobre los duques de alba y conectan con las tuberías que llevan el combustible hasta los tanques en tierra que en este caso estaban en el Grao y Nazaret. Comenzó un nuevo tráfico para el puerto. Pensé que la consignación de los petroleros podía ser muy interesante para mi empresa. Tras varios viajes a Madrid conseguí que me nombraran sus consignatarios en Valencia.
Al poco tiempo me informaron que escalaría el “Campogenil” y que había cambio de capitanes, que lo organizase todo para dicho fin. Me vino a mi mente muchas cosas recordando que en aguas de Calpe casi nos hunde al “Caledonian”. Opté por el silencio.
En aquel entonces, el cambio de capitanes se realizaba en la Comandancia de Marina, delante del comandante de Marina. El capitán saliente entregaba en dicho acto la Patente de Navegación al capitán entrante. El consignatario del buque actuaba como testigo. La Patente de Navegación es el documento más importante que lleva un buque. Lo otorga el Ministerio de Fomento expedido por el director general de la Marina Mercante: “Autoriza a navegar por los mares bajo pabellón español y legitima al capitán para ejercer a bordo”.
Lo preparé todo para las 11:00 horas en la Comandancia de Marina y mucho antes yo ya estaba a bordo. En la cámara, los dos capitanes, el primer oficial y yo. Noté un ambiente tenso. El motivo era que el capitán saliente estaba muy nervioso, pues “no encontraba” la Patente de Navegación. El capitán saliente iba y volvía de su camarote. En una de sus ausencias el primer oficial nos hizo un gesto muy expresivo referente a dicho capitán. Yo entendí perfectamente al primer oficial... El tiempo iba pasando y estábamos todos nerviosos a excepción del primer oficial, que estaba tranquilo, pues me dio la impresión que de su capitán se lo esperaba todo.
El nerviosismo iba en aumento. El primer oficial le dijo a su capitán: “Como ya le he dicho debe estar en la caja fuerte de su camarote”. El capitán le dijo que lo había mirado varias veces y no estaba. El primer oficial le dijo: “¿Quiere que lo mire yo? ¿Me deja la llave?” El todavía capitán accedió. Al poco volvió el primer oficial con el documento de la Patente de Navegación en la mano.
Si pones atención se conoce a las personas. Uniendo lo que nos pasó en el “Caledonian” y lo ocurrido con la “desaparecida” Patente de Navegación, ya pude establecer una opinión creo que muy exacta del capitán saliente, pero me la reservo para mí solamente.