Qué paraíso es la política para el lenguaje; qué universo es de oportunidades para la generación de alternativas léxicas; en definitiva, qué constante reto comporta para la creatividad y la búsqueda de caminos insospechados, sin vergüenza de caer en los tópicos, sin rubor de generar eufemismos, sin la ansiedad de que el electorado se considere estafado porque la magia del lenguaje lo puede todo.
Hoy se aprobará en Consejo de Ministros el nuevo real decreto de medidas anticrisis fruto del impacto de la Guerra de Irán. Nos cuentan que es un paquete de acciones “perimetrado al contexto actual”, “quirúrgico dadas las actuales necesidades...”, en definitiva, una sarta de palabros para evitar decir que no nos van a dar “ni la mitad de lo que pedimos” y “ni la mitad de lo que necesitamos”, pero esto sería un exceso de “sinceridad”. De locos, vamos.