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Cruceros, gaviotas y zapatos

  • Última actualización
    22 diciembre 2025 05:20

Recuerdo que uno de los primeros cruceros que consignamos fue el “Topaz”. Lo llevaba yo personalmente en mi oficina ayudado por mi secretaria, Sara.

Durante todo el día tuvimos mucho trabajo atendiendo al crucero. Pasó de todo. Estaba atracado en el muelle Sur y a la hora en punto de su salida estábamos Sara y yo sobre muelle. Cuando comenzó la maniobra de desatraque recuerdo que Sara me dijo: “¡Por fin! Se va” ... Pero yo observé que el buque se había separado del muelle, tenía “proa afuera” pero no daba “avante” Yo pensé que algo pasaba. Efectivamente, ante nuestro asombro el barco volvió a atracar, aunque dando cabos ligeros a proa y popa, pusieron una escala provisional. Bajó el primer oficial y el médico y nos dijeron que había que desembarcar a un matrimonio inglés porque ella se había caído y tenía una pierna muy mal... Así se hizo. Tuvimos que llamar a la ambulancia para llevarla a un hospital y que la curaran detenidamente. Les conseguimos hotel. En los días siguientes nos dieron bastante trabajo con respecto a quien pagaba el hospital, el hotel y los pasajes de vuelta al Reino Unido. Finalmente se fueron.

Le dije a Sara: no podemos “cantar victoria” hasta que todo realmente finaliza.

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Hace muchos, muchos años, en la época de la carga general suelta, cuando el iempo amenazaba lluvia, era muy problemático ordenar “manos” para trabajar, ya que las “manos” eran de muchos portuarios y si no podías trabajar por lluvia había que abonarles el mínimo sin haber cargado nada. Sin embargo, las empresas estibadoras y los capataces tenían un hecho que les orientaba con mucha exactitud sobre el tiempo que se aproximaba. Eran las gaviotas del puerto, qué se ponían a volar en círculos dando graznidos, precisamente todas sobre un punto del puerto: el tinglado cinco. Era infalible. Por eso los capataces no presentaban en ese caso las demandas. Llovía seguro.

En aquella época no existía el “hombre del tiempo”, pero sí la “gaviota del tiempo” que nunca fallaba.

Confianza, ilusión, imaginación y atrevimiento fueron las claves

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Estaba yo en Nueva York y tenía una cita con un armador a las nueve de la mañana. Tomé las debidas garantías para encontrar taxi pronto en la hora punta, luego el tráfico, etc. Felizmente llegué a la dirección del armador y me sobraba casi una hora.

Comencé a dar vueltas a la manzana. Descubrí una pequeña planta baja con un rótulo: “Clean the shoes”. Miré mis zapatos marrones y comprendí que estarían mejor con una limpieza. Entré dentro del pequeño local, en el mismo momento que salía un señor hablando solo y enfadado. No pude entender lo que decía.

Cuando estuve dentro descubrí como un trono alto y a sus pies estaba sentado en un pequeño taburete un hombre de color muy grande y fornido, que era el limpiabotas. Me senté en el trono y esperé a que comenzara a limpiarme mis zapatos marrones, pero el negro ni se movía. Le dije: “Could you please clean my shoes?” Me contestó: “Only black”. Entonces mirándome mis zapatos marrones me bajé del trono y me fui a la calle.

El señor que se cruzó conmigo cuando entré estaba en la acera esperándome. Cabreado me dijo: “What did the black man tell you ?. Yo le dije: ”Me ha dicho ‘only black’ ”. Él me explicó: “He is a son of a bitch, he told me: ‘only brown ! So what this black guy wants is not to work !!”.

Resumiendo, el hombre de color cuando el posible cliente llevaba calzado negro decía “only brown” y cuando llevaba calzado marrón -como yo- decía “only black”... Con lo cual, este limpiabotas cuando quería no pegaba ni golpe...