Cuando Damocles desafió al rey Dionisio y este le cedió su trono por un día, el cortesano disfrutó a tituplén de las mujeres y las viandas hasta que descubrió la espada que sobre el trono pendía, apenas sostenida por una crin de caballo. Demudado, a Damocles se le quitó el apetito y, por supuesto, las ganas de seguir siendo rey. En suma, salió corriendo.
En estas horas de 2026, nuestra “espada de Damocles” es la legislatura, que pende de una crin de caballo que se va a romper a la mínima de cambio, ya sea por acción o por omisión. Mientras, hay aún muchos departamentos de la Administración con temas pendientes susceptibles de ser aprobados. La primera opción es echar el resto, no mirar ni a izquierda ni a derecha y apurar al máximo sin condicionantes para, si hay suerte, salvar los muebles antes de que la crin colapse. La otra opción es mirar para otro lado, darse por vencido, por aquello de que “ir para nada, es tontería”. En suma, unos van a querer correr y otros, como Damocles, van a salir corriendo. Ya lo van a ver.