Los recientes cameos de Marcos de Quinto e Iván Espinosa de los Monteros en el sector logístico ponen en evidencia una vez más que una cosa es saber lo que hay que hacer y otra muy distinta es hacerlo.
Las patronales CETM y ASTIC nos han servido en bandeja en las últimas semanas la oportunidad de escuchar a ambos líderes de opinión, en unas intervenciones en las que De Quinto y Espinosa de los Monteros sabían de antemano que se dirigían a un público entusiasta y entregado.
Bien es cierto que aquel que esperábamos que tuviera un discurso más empresarial, más logístico, más analítico y más moderado, ofreció un discurso más político, más generalista, más social y más populista... y viceversa.
En cualquier caso, lo relevante son las raíces comunes de ambos discursos y el poso que dejan de cierta desazón.
Por una u otra vía, De Quinto y Espinosa de los Monteros llaman al cambio desde el convencimiento profundo de que España va directa al precipicio. Y es que no se trata ya de que caigamos. Se trata, a su juicio, de que entramos en caída libre y nos vamos a situar en nada en un punto de no retorno. Es “¡el horror!” de Kurtz bajo la dialéctica de dos gurús que nos sitúan en un “qué” al que la masa empresarial se adhiere con fervor, sin que nadie, eso sí, le resuelva el “cómo”. Es más, la mera observación de Marcos de Quinto y de Iván Espinosa de los Monteros nos sitúa en la más profunda melancolía.
Al fin y al cabo, ¿no es el acceso al poder por los cauces legalmente establecidos la forma más óptima y directa de pilotar el cambio? Pues aún más si cabe al constatar que De Quinto, de la mano de Ciudadanos, y Espinosa de los Monteros, de la mano de VOX, optaron por esta senda y fueron elegidos como representantes de la ciudadanía para el Congreso de los Diputados, pero con un impacto nulo a tenor de cómo ha seguido evolucionando España y, sobre todo, a tenor de su evolución política, pues ambos no fueron derrotados por las urnas, sino que terminaron abandonando su escaño antes de tiempo, víctimas del desencanto, la frustración y las purgas del “fuego amigo”.