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Cuando te quieres seguir llamando igual, pero ya no eres el mismo

  • Última actualización
    10 junio 2026 05:20

Vivo rodeado de amigos y familiares muy queridos que son conocidos y se reconocen como Tati, Mati, Cati, Helio, Uge, Edi, Cuqui, Fivi, Pituki, Ole, Leo o Gilín, sencillamente porque los gustos, las modas o los años les han hecho renegar u olvidar que fueron en la pila bautismal Vicenta, Matilde, Catalina, Heliodoro, Eugenio, Edelmira, Francisca, Eufronia, Patrocinio, Olegaria, Leocadio o Hermenegildo.

En verdad, lo del cambio de nombre no es de ahora. Siempre ha existido, solo que ahora se puede hacer constar en el DNI. Por tanto, si los nombres de las personas son y serán siempre volubles, amoldables e intercambiables, qué no va a suceder en el mundo de la empresa y las organizaciones empresariales, sometidas a cuestiones menos prosaicas y mucho más crematísticas, aunque tanto o más emocionales.

Uno de los fenómenos más testados del asociacionismo logístico es el de aquellos que mantienen con orgullo su nombre y rechazan cualquier cambio, pero a la vez deciden cambiar su significado o evolucionarlo. Es como si, por ejemplo, los “Celedonio” rehuyeran de que su nombre signifique “golondrina” para establecer que signifique “gaviota” pero sin querer que nadie deje de llamarles “Celedonio”.

¿Razones? Históricas, culturales, estrategia, márketing... Las asociaciones cumplen años, su función y representatividad varía, pero el nombre tiene gran potencia de marca.

Sin ánimo de ser exhaustivos y sólo por comentar algunos ejemplos, ASTIC fue fundada en 1960 al amparo del sindicato vertical, hasta tal punto que su “significado” era Agrupación Sindical del Transporte Internacional por Carretera, de ahí que con la democracia derivara en la actual Asociación del Transporte Internacional por Carretera.

Es todo cuestión de reconocerse y verse reconocido

Común en estos procesos es el cambio de ámbito. AECOC nació como Asociación Española de Codificación Comercial, cuando el código de barras revolucionó la industria. Hoy es Asociación de Fabricantes y Distribuidores, reflejo de su actual campo de acción.

Otras veces, lo que cambia es el mercado y su transformación obliga a definir o matizar horizontes. UOTC, nacida como Unión de Operadores de Transporte Combinado, es hoy Unión de Operadores de Transporte Comodal. En esta misma línea, FETEIA, nacida como Federación Española de Transitarios Expedidores Internacionales y Asimilados, es hoy simplemente (de nombre) Federación Española de Transitarios, a lo que hay que sumar los apellidos, como una muestra más de la necesidad de adaptación. Así, FETEIA pasó a ser FETEIA-OLT y luego FETEIA-OLTRA, como Organización para la Logística, el Transporte y la Representación Aduanera.

En esta línea podríamos encuadrar a la Escola Europea de Short Sea Shipping, hoy Escola Europea Intermodal Transport.

Por cierto, las asociaciones son entes vivos que sufren transformaciones internas. La mejor prueba es ANESCO, nacida como Asociación Nacional de Empresas Estibadoras y Consignatarias de Buques y hoy convertida en Asociación Nacional de Empresas Estibadoras y Centros Portuarios de Empleo.

En esta dinámica podríamos encuadrar la decisión del CZFB con la feria logística por antonomasia. En esta época de cambios, donde hasta gigantes como Cepsa se adentran en la incertidumbre de Moeve, bien pudiera haber optado el Consorcio por ese camino más radical que siguieron Aeutransmer, para pasar a ser ACE, o Anadif, en su travesía desde Lógica hasta UNO.

Con todo, el valor de la marca SIL no ofrece en este caso dudas y la apuesta se centra en el paso del “Salón Internacional de la Logística” al “Salón de la Innovación Logística”, lo cual no quiere decir por cierto que el SIL deje de ser internacional y mucho menos que hasta ahora no fuera innovador. Es todo cuestión de reconocerse y verse reconocido.