Parece ser que hora todo el mundo sabe, además de fútbol, de logística.
Tras 35 años en esto, tengo claro que sé algo, pero que ignoro muchísimo más. Con esta premisa no me queda otra que concluir que soy, que somos todos, imbéciles logísticos. La profesionalidad, la pasión por este mundo nuestro, la experiencia, en algunos casos casi infinita, no valen de nada si en frente te ponen a un tertuliano. Ellos nos dirán cuántos contenedores se van a mover en cada puerto en el futuro, cómo organizar la operativa para que sobren la mitad de las instalaciones, cuántos barcos son necesarios y en qué porcentaje va a bajar el movimiento de mercancías en los tiempos venideros. Porque… yo lo valgo. Somos tontos; por aguantarlos, digo.
Tontunas aparte, está claro que este mundo logístico nuestro es especialmente interesante por lo frenético de su movimiento, sus cambios de un día para otro, su esfuerzo en solitario por defender el medioambiente… y porque todo ello lo hace manejando magnitudes especialmente inmensas. El objetivo de todo esto sigue siendo el mismo: atender todo lo necesario e innecesario que exigen todos los consumidores, los tertulianos incluidos.
Y ahora, miren por dónde, resulta que la norma que se impone la conoce, esta sí, hasta un tertuliano: el pez grande se come al chico. Esta regla de oro está viviendo su tiempo de plenitud en estos días. Los peces grandes, las navieras, se han sometido a un frenesí de crecimiento y engorde como no se ha conocido jamás. Nunca para nadie fue tan cierto eso de que una crisis puede ser una oportunidad. La pandemia parecía que nos iba a traer poco menos que el fin del mundo. Las navieras, inmensas pero especialmente ágiles en su toma de decisiones, establecieron una batería de medidas (reducción de escalas y barcos, optimización de espacios… ) que a corto y medio plazo les ha dado el arma que añoraban para su más ambicioso objetivo: el control total de la cadena logística. El arma, ya lo habrán adivinado, ha sido el rearme financiero que les han traído unos fletes sorpresivamente multiplicados. Ya lo tienen todo: conocimiento, legítima ambición, un plan y… tesorería para aburrir.
Los transitarios, sus viejos amigos/enemigos, su solución y su problema, según el momento, están, al fin, a tiro. Las rotundas negativas a vender que algunos proclaman a los cuatro vientos, se van a poner a prueba más que nunca, porque las ofertas pueden ser, están siendo, tanto o más rotundas. Veremos. Se avecinan tiempos interesantes en el sector transitario.
¿Qué será del futuro del transporte internacional? A mí no me pregunten. Los tertulianos lo sabrán con absoluta certeza, con todo detalle, de forma infalible. Y si no, ya se lo inventarán
La solución, el futuro, quizá no esté ya en colaborar y hacerse muy grandes… con eso sólo se conseguirá subir el precio de compra. Les voy a contar algo, acerquen el oído… Puede ser que navieras como Maersk ya hayan puestos sus ojos, y sus dineros en una gran transitaria. Y que CMA haya hecho lo propio. Y lo que vendrá. Ahí lo dejo.
¿Hacia dónde y hasta cuándo continuará la expansión de la lava naviera? La respuesta es la misma que se puede aplicar a casi todas las cuestiones económicas: Hasta donde quiera el mercado y hasta cuando quiera el mercado. Las dimensiones de las navieras, la unión de las muy grandes, su penetración en todo tipo de actividades logísticas, desde terminales hasta autoridades portuarias, ha creado una situación que puede en breve estar por encima del poder de los estados y sus gobiernos. Es algo que los que más saben de este sector vienen anunciando desde hace años. Cuando digo los que saben del sector estoy hablando de quienes han dejado su vida por la logística, tratando cada día de entenderla, de domarla, de desarrollarla; me refiero a aquellos que tienen ya las circunstancias negras del humo de mil batallas logísticas. No estoy hablando, por tanto, a los tertulianos de guardia, por si no se había dado cuenta el amigo lector.
El barco y la carga son los amos del sector. Si las navieras controlan ambos, controlarán el todo. ¿Qué será del futuro del transporte internacional? A mí no me pregunten. Los tertulianos lo sabrán con absoluta certeza, con todo detalle, de forma infalible. Y si no, ya se lo inventarán.