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El 10%... ni en pasajeros

  • Última actualización
    27 marzo 2026 05:20

Estoy en el lado de los que no apostamos por que el transporte ferroviario de mercancías vaya a alcanzar el 10% de cuota de mercado en 2030. Ni después tampoco. Añado hoy que, como sigamos así, en el tren no solo no se van a subir las mercancías: tampoco los pasajeros.

El mundo de las aventuras y desventuras ferroviarias no se centra solo en el “Euromerd”. Quia.

El otro día me tocó viajar en tren de Andalucía a Valencia. Espóiler: para habernos matado.

El primer tramo lo tuvimos que hacer en autobús. Más colas, más incomodidad, más sube y baja y espera. Había un problema en el trazado y tuvimos que puentear parte del recorrido. El segundo tramo, ya en tren, hasta llegar a Atocha, fue el más “divertido”.

En el vagón del silencio tuve la tradicional bronca con los que no entienden eso de “del silencio”. Espero que algún día a las señoras y a los señores que no son capaces ni de salir a atender el móvil ni de callarse un rato, se les invite abajar del tren y a cruzar la vía, justo antes de poner el tren en marcha. Ahí dejo la idea.

El tren se paró en medio de la nada más absoluta, durante más de una hora

Además de estas clásicas broncas, tuve que soportar un frío polar hasta el punto de tener que salirme del vagón. A mi constipado creciente, y a la fiebre que subía poco a poco les venía de maravilla aquel “fresquito”, a mí no. Camiseta, camisa, chaleco, americana, bufanda... nada pudo con aquel frío vallisoletano. Menos mal que sólo eran dos horas hasta cambiar de tren en Atocha. Pero no. E

El tren se paró en medio de la nada más absoluta, durante más de una hora. A esta batería de elementos de tortura todavía había que añadir tres más, uno por mi cuente y dos por cuenta de Renfe. Mi constipado, mis ganas de evacuar por arriba o por abajo, mi fiebre... iban en aumento.

Por cuenta de Renfe añadimos que el tren se movía dos o tres vueltas de rueda cada cierto tiempo, para volver a parar. Con esto lo que se conseguía era una sutil forma de tortura, ya que generaban falsas esperanzas.

El otro elemento de crispación que se añadía por cuenta de Renfe es su sistema de información. Nos mandan a los viajeros afectados información de lo que ya sabemos. Sí, ya sé que llevamos 55 minutos de retraso. Al menos dime algo que no sea “retraso debido a incidencia operativa”, “incidencia en la infraestructura” o, mi favorito: debido a “limitaciones de velocidad”. Consiguen, con estos mensajes, algo meritorio: que la “información” encabrone un poco más al viajero.

Decidieron que no esperaban ni un segundo, aún sabiendo que estábamos ya allí

Todas estas cosas se podrían llegar a entender. Pero hay más.

Para el enlace que teníamos que tomar algunos en Atocha, nos informaron de que el tren nos esperaría en el caso de que no llegáramos a tiempo. En la estación nos dijeron que el tren que nos habría de llevar a casa estaba en el andén de al lado. Pues no. El tren partió sin nosotros. Llegamos dos minutos tarde, pero decidieron que no esperaban ni un segundo, aún sabiendo que estábamos ya allí. Esto no es un imponderable, esto es de ser malas personas.

De ahí a buscar otro tren, con el “valor añadido” de que salía de Chamartín, no de Atocha. La fiebre subiendo, el cabreo también. Corre que me cago. Nunca mejor dicho, para llegar al siguiente tren por los pelos.

Cada vez coge menos gente el tren, dicen. Y los que lo cogen, añado, es porque no saben lo que les espera.