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El arte de mover el arte

  • Última actualización
    19 enero 2026 05:20

Si te dijeran que tocar una pieza podría provocar su destrucción irremediable, ¿la tocarías? Este es el dilema que propone el colectivo artístico internacional teamLab en “The World of Irreversible Change” (“El mundo del cambio irreversible»), obra que se puede visitar en el Centro de Arte Hortensia Herrero. La pieza interactiva representa la cotidianidad de una aldea medieval japonesa cuya ciudadanía va viviendo las estaciones, horas del día y clima de la ciudad en la que está expuesta. Qué gracia, piensas, y sí, pero, además, y esto es lo más original y desasosegante, te propone un desafío que te llevas a casa. ¿Por? Porque puedes interactuar con la pieza tocándola, pero si lo haces el personaje que tocas sufre una agresión y la obra toma nota, suma ataques y, en un momento dado, no sabemos cuándo, tras uno de estos roces desatará una guerra entre los personajes que habitan el lienzo digital. Esa guerra arrasará toda la aldea y la reducirá a cenizas. No hay otra consecuencia posible. Lo advierten los autores. Sucederá así: se matarán y la vegetación se apoderará de las ruinas y pervivirá eternamente. Las personas no regresarán nunca. La obra tampoco se reiniciará.

Así que, como no se sabe cuántas veces hay que tocar la pieza para que se desate la guerra, al estar frente a ella te apodera la duda: ¿toco a ver qué pasa y si se desata la guerra soy la responsable del fin de la obra como la conocemos o me alejo y dejo que sigan a lo suyo y que los demás puedan contemplarla como lo he hecho yo?

No solemos hablar mucho de este micro nicho de negocio de la cadena logística, pero su servicio es vital para que sigamos manteniendo activa esa parte del cerebro que nos diferencia de las hormigas

La persona que te explica la propuesta en la sala acaba lanzándote la pregunta con los ojitos suplicantes, confiando en que la respuesta sea: no, no voy a tocar, pero... si no estuviera el intérprete del museo, ¿tocaríamos? Ya te digo yo que sí. Nadie se lee las cartelas, así que nadie sabría de qué va la obra y cuál es la intención del artefacto artístico y ¿existe alguna pantalla que no sea para tocar? Los del teamLab nos ponen a prueba fuertemente.

Antes de llegar a la sala del “toco o no”, se visitan otras muchas donde las piezas expuestas son de tamaños, materiales y formatos complejos. ¿Os podéis creer que mientras observaba las obras no podía dejar de pensar en cómo se habrían transportado y montado en la sala? Os lo juro.

El transporte de arte siempre me ha parecido el más complejo y delicado. Me disculpo con los grandes proyectos y sus dimensiones extra huge. A sus pies, no dudo de la pericia que requiere atravesar media provincia con una turbina enorme, pero el arte es nivel PRO.

La logística del arte en España enfrenta desafíos que combinan la conservación del patrimonio histórico con las exigencias del arte tecnológico moderno. Consecuentemente, cada proyecto es una aventura, requiere de unos expertos, burocracia, permisos, seguros y formación ad hoc. Aquí el compromiso con la calidad de servicio no es un extra que puedas quitar para ajustar el precio. Los errores salen muy caros.

No solemos hablar mucho de este micro nicho de negocio de la cadena logística porque sus volúmenes no impactan en el PIB del país y no son un colectivo de empresas que vertebren las comunidades logísticas (¿cuántas habrá en España? ¿1o?), pero su servicio es vital para que sigamos manteniendo activa esa parte del cerebro que nos diferencia de las hormigas. Porque las artes y la cultura han sido, son y serán la esencia que nos da el punch para ser humanidad. Sin ellas, nos acercamos cada vez más a la destrucción inevitable. ¿Pruebas? Groenlandia, Trump, Julio Iglesias, Nobel de la Paz regalado...