XX de agosto de 1928
Mr. Richard Halliburton
Hotel Tívoli, Ancón, Canal Zone
Con referencia a nuestra conversación personal en el día de hoy, le informo que no existe ninguna objeción por parte de las autoridades del Canal hacia su proyectado nado de Colón a Panamá. Relacionado a este punto se le advierte que necesita una serie de vacunas anti-tifoidea. También se le quiere informar que han sido vistos con frecuencia caimanes en el Corte Gaillard.
Igualmente se le autoriza ser acompañado por un barco con un tirador experto, un fotógrafo, y un reportero. También se le autoriza nadar a través de las esclusas. Deseamos clarificar que cualquier gasto que incurriera esta expedición será por su cuenta y que el Canal de Panamá no será responsable de ningún daño y perjuicio que se le presente.
Atentamente,
M. L. Walker
Gobernador
Hubo un tiempo en que el mundo cabía en una carta. O en un anuncio. “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”, publicó el explorador polar británico Ernest Shackleton en The Times en 1907. Bastaban el frío, la incertidumbre y la promesa incierta del regreso para llenar un barco, en unos tiempos en los que valía el riesgo para reclutar a quienes entendían que la aventura no era un destino, sino una manera de vivir.
La carta de 1928 del gobernador de la Zona del Canal de Panamá, M. L. Walker, al aventurero estadounidense Richard Halliburton, respira ese mismo aire. Vacunas, caimanes, un tirador experto... No hay épica impostada, sino una burocracia llevada al extremo, como si el Canal de Panamá, ya entonces prodigio de la ingeniería, fuese también un territorio donde la naturaleza y el hombre aún negociaban sus límites. Hoy, en 2026, la aventura se ha vuelto más doméstica.