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El Canal de Panamá, 1.200.000 dólares, Richard Halliburton y 36 centavos

  • Última actualización
    05 mayo 2026 05:20

XX de agosto de 1928

Mr. Richard Halliburton

Hotel Tívoli, Ancón, Canal Zone

Con referencia a nuestra conversación personal en el día de hoy, le informo que no existe ninguna objeción por parte de las autoridades del Canal hacia su proyectado nado de Colón a Panamá. Relacionado a este punto se le advierte que necesita una serie de vacunas anti-tifoidea. También se le quiere informar que han sido vistos con frecuencia caimanes en el Corte Gaillard.

Igualmente se le autoriza ser acompañado por un barco con un tirador experto, un fotógrafo, y un reportero. También se le autoriza nadar a través de las esclusas. Deseamos clarificar que cualquier gasto que incurriera esta expedición será por su cuenta y que el Canal de Panamá no será responsable de ningún daño y perjuicio que se le presente.

Atentamente,

M. L. Walker

Gobernador

Hubo un tiempo en que el mundo cabía en una carta. O en un anuncio. “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”, publicó el explorador polar británico Ernest Shackleton en The Times en 1907. Bastaban el frío, la incertidumbre y la promesa incierta del regreso para llenar un barco, en unos tiempos en los que valía el riesgo para reclutar a quienes entendían que la aventura no era un destino, sino una manera de vivir.

La carta de 1928 del gobernador de la Zona del Canal de Panamá, M. L. Walker, al aventurero estadounidense Richard Halliburton, respira ese mismo aire. Vacunas, caimanes, un tirador experto... No hay épica impostada, sino una burocracia llevada al extremo, como si el Canal de Panamá, ya entonces prodigio de la ingeniería, fuese también un territorio donde la naturaleza y el hombre aún negociaban sus límites. Hoy, en 2026, la aventura se ha vuelto más doméstica.

Entre el “MSC Bianca Silvia” y el “SS Halliburton” u “hombre-barco” no sólo hay una diferencia de escala, sino de época

Viajar al Canal de Panamá es, para muchos, una experiencia turística con reservas, audioguías y selfies en las esclusas. Y, sin embargo, conviene recordar que el Canal sigue siendo una arteria vital del comercio. En Diario del Puerto, quien esto escribe, lo miramos así, con respeto casi reverencial, como quien observa el pulso de la economía global latiendo entre océanos. Porque estar allí impresiona. Ver y sentir cómo la gravedad empuja millones de litros de agua y eleva o desciende gigantes de acero es asistir a un milagro tangible. Un mecanismo tan preciso que parece sencillo, y por eso mismo, asombroso.

En ese escenario, la hazaña de Halliburton adquiere otra dimensión. Se registró como barco. Literalmente. El “SS Halliburton”, el “hombre-barco”, pagó 36 centavos de dólar por su tránsito, calculados sobre sus 63,5 kilos de peso. Cruzó a nado esclusas, sorteó corrientes y, sí, también caimanes. Porque los hay. Yo los ví. Y entendí entonces por qué aquella carta del gobernador Walker recomendaba un tirador experto.

Casi un siglo después, presencié el paso del “MSC Bianca Silvia” por las esclusas de Agua Clara. 366 metros de eslora, 15.500 TEUs, 149.944 tpm y un peaje de 1,2 millones de dólares; una cifra acorde a la magnitud del comercio que transporta. Entre los 1,2 millones de dólares del “MSC Bianca Silvia” y los 36 centavos del “SS Halliburton”, el “hombre-barco”, no hay solo una diferencia de escala, sino de época. Antes, el riesgo era la medida de todas las cosas; hoy lo es la eficiencia. Pero cuando el agua empieza a moverse y un buque se eleva como si desafiara la lógica, uno entiende que hay mecanismos que no envejecen. El Canal de Panamá no ha perdido su misterio. Solo ha cambiado de relato.