Menú
Suscripción

El extraño modelo de gobernanza portuaria

  • Última actualización
    14 noviembre 2025 05:20

Hablábamos la pasada semana, en vivo y en directo, con el ministro de Transporte y Movilidad Sostenible, Oscar Puente, sobre quién manda y quién puede llegar a mandar en los puertos españoles. El tema no es simple. A los presidentes de las autoridades portuarias los nombran directamente los máximos responsables de cada comunidad autónoma, pero dependen de Puertos del Estado-Ministerio de Transportes.

Más allá de esto, la realidad es que el auténtico fiscal de las autoridades portuarias, cada vez más, son las ciudades en las que se sitúan, sus partidos políticos y sus medios de comunicación. Por tanto, los presidentes de las autoridades portuarias dependen de nacional, los nombran las autonomías y, en ocasiones, los acusa, condena y ejecuta el poder local.

Los ataques a las distintas autoridades portuarias vienen generalmente de la oposición municipal, que suele ser quien más utiliza la pancarta antiportuaria con poco, mucho o ningún fundamento, buscando, sobre todo, visibilidad mediática. En ocasiones esa inquina portuaria se muestra también desde el poder, lo cual es todavía más inquietante. Cuando un político coge la linde del ataque al puerto, el tema puede que se acabe, pero el político seguirá atacándolo, si no por ese, por otro motivo, real o inventado.

Lo importante no es quién gobierna los puertos, sino cómo

La labor de zapa que puede generar cambios en la alta dirección de un puerto no viene de quien les nombra, ni siquiera de quien les paga, sino del entorno inmediato, municipal, local. Los ataques de los mandatarios locales precisan, para que sean efectivos, del correspondiente eco en la prensa generalista local y afín.

Por todo esto yo sigo pensando que no es tan buena cosa eso de aceptar la presidencia de un puerto. Te paga uno, te nombra otro y te echa otro. ¿A quién debes tener contento, cuando, además, los intereses políticos de unos son antagónicos con los de otros?

Tras el debate, sin grandes novedades, sobre de qué administración deben depender los puertos, reverdecido en el último desayuno informativo de Diario del Puerto, gana fuerza la vieja idea de que lo importante no es quién gobierna los puertos, sino cómo.

El trabajo de llevar adelante un gran puerto es, sin duda alguna, especialmente complejo e intenso. Hacerlo con el esquema actual, en el que no se sabe de dónde te van a venir los tiros, ni qué opinión va a provocar tu cese, lo hace casi imposible.

Tener tres frentes abiertos, y cada uno de ellos dominado por varios colores políticos, hace especialmente complejo saber a quién se ha de dar explicaciones y a quién hay que tener contento. Sobre todo, teniendo en cuenta que los políticos de cada administración implicada, con sus correspondientes medios afines, cambian sus intereses, objetivos y metas en función del instante político y mediático que se viva en cada momento.

Todo cambia con la inmediatez propia de quien tiene un tiempo de mandato generalmente breve, absolutamente incompatible con la planificación a medio y largo plazo que rige las decisiones en los puertos.

Se hace preciso, para alcanzar de una vez todo el potencial que tiene la logística en España, dejar a las autoridades portuarias trabajar en paz. Y no se trata de que pasen de depender de unos a depender de otros, sino de avanzar con prisa y sin pausa hacia un esquema de gobernanza lo más parecido posible a los que usa la empresa privada.

En la repuesta a la pregunta de ¿cómo se harían las cosas si este puerto fuera totalmente privado?, está la solución a buena parte de los males de nuestro sistema portuario. Quizás algún día.