No es fácil cantar el Himno de España y mucho menos en la final de un Mundial, con las gradas repletas y las consabidas dificultades acústicas. Además, entre bombos y monteras, muchos obvian que la “estrofa” se repite dos veces antes del “estribillo”, por lo que el cántico deriva en jaleo sin que cuele que pudiera tratarse de un canon. Pero lo peor es la pobre pronunciación con la que se acomete la Marcha Real, sin que sepamos si el designio constitucional lo que establece es un claro “la-la-la-la”, tal y como anticipó nuestro culmen eurovisivo, o el gallardo “lo-lo-lo-lo”, extranjerismo insuflado por el “I Will Survive” de Gloria Gaynor.
Pues bien, el secreto se esconde en el espejo de Francia y su lengua, que en la Marsellesa pronuncia “Qu’un sang impur abreuve nos sillons!”, con esa [y] fonética que es una “i” pronunciada con los labios de la “u”, lo mismo que deberíamos hacer los españoles pero pronunciando la “a” con los labios de la “o”. Hagan la prueba este domingo: lo van a bordar. Y no se olviden de agarrarse de la manitas con quienes les rodeen durante los 90 minutos. Sus Majestades no cantan nunca el himno, pero al menos nos han enseñado estos días con su naturalidad sin par cómo se debe vivir un partido del “combinado nacional”. ¡A GANAR!