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El párking de J.J. Dómine

  • Última actualización
    17 diciembre 2025 05:20

Antes de que fuera construido el párking de la calle J.J. Dómine en el Puerto de Valencia, el aparcar correctamente en esta área era imposible.

Detrás de J.J.Dómine había una papelería que por su proximidad utilizábamos muchas empresas. Su dueña era una señora mayor llamada doña Vicenta, que solía venir a mi despacho siempre sin avisar. Un día me dijeron que en el mostrador estaba doña Vicenta, que quería hablar conmigo. Entró a mi despacho y me dijo: “Señor Roca, señor Roca, aquí no se puede aparcar, no hay sitio”. Le contesté que tenía toda la razón del mundo, que yo mismo había perdido mucho tiempo buscando sitio esa misma mañana. A menos que vinieras muy pronto, era seguro que en J.J.Dómine no encontrabas sitio.

Continuó doña Vicenta: “Señor Roca, señor Roca, yo conozco a un concejal del Ayuntamiento que nos puede ayudar a que se construya un parking, pero quiero que me acompañe usted”. Por supuesto le dije que sí, pero que me avisase con la mayor antelación, pues yo viajaba mucho. Así quedamos.

Pasaron varios días y me avisaron de que en el mostrador estaba nuevamente doña Vicenta, que quería hablar conmigo. Le dije que pasase. Me dijo: “Señor Roca, señor Roca, ya he localizado a mi amigo el concejal del Ayuntamiento: nos recibe mañana a las once de la mañana”. Afortunadamente, yo podía.

Estuve machacando a todos mis conocidos de J.J.Dómine, que se portaron muy bien

Quedamos a las diez y media para coger un taxi e ir al Ayuntamiento. La secretaria del concejal nos metió en un despacho y nos dijo que debíamos esperar. Aproximadamente, una hora y media después apareció el Sr. Concejal. Doña Vicenta le “abordó” con su verbo elocuente, dándole mil explicaciones de porque necesitábamos un párking en J.J.Dómine. El concejal escuchaba en silencio. De repente interrumpió a doña Vicenta y nos dijo: “Vicenta, no siga, yo soy el concejal de mercados, no tengo nada que ver con lo que usted me está contando. Lo que sí que puedo hacer es prepararles una entrevista con el concejal de Tráfico”. Por supuesto aceptamos agradecidos.

Al cabo de varios días vino nuevamente a mi despacho doña Vicenta. “Señor Roca, señor Roca, el concejal de Tráfico nos recibe mañana a las nueve de la mañana”. Volvimos al Ayuntamiento. El concejal nos recibió puntualmente. Nos escuchó con mucha atención. Estudió planos. Fue una reunión positiva y finalmente nos pidió que para acelerar la idea necesitaba que doña Vicente se encargase de conseguir solicitudes por escrito de vecinos particulares y que yo me encargase de lo mismo, pero de las empresas. Cuando ya tuviéramos el mayor número posible de solicitudes, nos pidió que se las lleváramos. Mientras tanto, el iría adelantando la idea, que la consideraba justa y posible.

Estuve machacando a todos mis conocidos de J.J.Dómine, que se portaron muy bien, y recuerdo que incluso alguno me consiguió una o dos solicitudes, además de la propia. Creo recordar que conseguí aproximadamente veinticinco o treinta solicitudes, pero doña Vicenta me superó con creces: consiguió más de cien. Le pregunté por su éxito y me dijo que se había salido del límite de J.J.Dómine...

Últimamente ha cambiado de dueños, apreciándose una mejora en sus instalaciones

El Ayuntamiento sacó un concurso para construir un párking a lo largo de toda la calle, pero respetando la cimentación de los edificios por un lado y por el otro las raíces de los árboles del jardín. Se presentaron varias empresas constructoras, entre ellas “Construcciones y Estudios”, cuyo gerente, don Felipe Almenar, quería saber mi opinión sobre la “viabilidad” del posible párking. Yo le dije que cuando se hiciese estaría casi siempre lleno debido a la demanda real de la zona. Él tenía esperanza de poder conseguir la adjudicación pues su empresa había realizado muchas obras en el puerto y conocía muy bien el subsuelo de la zona. Creo que finalmente se le adjudico a esta empresa el concurso. Durante la construcción salieron restos de un pantalán correspondiente a los inicios de nuestro puerto.

Tal y como estaba previsto, el párking hoy funciona a tope y a menos que tengas plaza reservada, es posible que no la encuentres en las horas punta. Últimamente ha cambiado de dueños, apreciándose una mejora en sus instalaciones.

Por cierto, en la parte exterior de la calle J.J.Dómine, desde la entrada del puerto hasta la plaza de la Armada Española hay una buena distancia que no tenía paso de peatones. El cruce para ir al Tinglado dos era una autentica aventura.

Me recuerda un periodista amigo, que yo, siguiendo los pasos que di para el párking, logré igualmente que el ayuntamiento instalase a mitad de J.J.Dómine y frente al Tinglado 2, un seguro paso de peatones. Es un paso de cebra y con semáforo que avisa del tiempo que falta para cambiar.

Funciona a la perfección y originariamente le llamaron “el paso Roca Monzó”.