Las comparaciones intergeneracionales acostumbran a ser tema de debate en las comidas familiares. No siempre se sigue este patrón, pero, normalmente, la gente mayor opina que, cuando ellos eran más jóvenes, había mayor implicación por parte de las nuevas generaciones que permitían avanzar en los grandes retos colectivos. No creo que este sea un debate que haya aparecido en los últimos años, sino que me atrevería a decir que hace décadas, incluso siglos, que se habla de ello cuando se sientan en una misma mesa abuelos, padres y nietos.
Con la aparición de las redes sociales, estos debates que antes se quedaban en las cuatro paredes del comedor, y más tarde solo podíamos escucharlas por la televisión o la radio, ahora se han abierto a todo el mundo en X, donde es posible hacer llegar el mensaje a mucha más gente.
Y uno de estos mensajes que de tanto en cuanto se hace viral en estos foros es el del desinterés por parte de los jóvenes para implicarse en asociaciones. Es verdad que la juventud es una etapa de crecimiento personal y profesional, lo que provoca que, en el caso de los jóvenes empresarios, en esta fase los esfuerzos se concentran en definir hacia dónde se quiere ir y cómo construir una compañía de éxito.
Los profesionales que están empezando sus carreras o asumiendo el relevo generacional al frente de empresas del sector logístico se enfrentan a una exigencia diaria muy elevada, con la necesidad de aportar resultados positivos para la empresa a la vez que, en muchos casos, afrontan la transformación de sus empresas para hacerlas más resilientes al contexto geopolítico actual.
Y por otro lado, también hay que decirlo, y en esto sí que ha cambiado (para bien) nuestra sociedad, también se les exige a estos jóvenes que el reparto de las tareas domésticas sea equitativo entre los dos miembros de la pareja, que ejerzan de padres y madres presentes y, además, que tengan tiempo para disfrutar de ratos de ocio con sus amigos.