Es curioso el ser humano, al menos algunos de los que pretenden llevar esa etiqueta. Con todo lo que hay por barrer, nos ponemos a fregar. En nuestro planeta hay faena como para entretenernos durante varios siglos. Precisamente nos vamos a la luna cuando tenemos la tierra patas arriba. Hemos puesto rumbo a lo difícil, huyendo de lo que, al parecer, no puede ser y, además, es imposible, que diría el torero. Esto que estamos viviendo en nuestro planeta es tan marciano que parece que sólo lo puede parar algún selenita. Supongo que hemos ido en su búsqueda. Cada día entiendo menos todo esto.
No teníamos que haber ido tan lejos para encontrar retos que afrontar, nuevas metas que nos lleven a un mejor futuro de la humanidad. Sin salir de aquí, toda esa ingente cantidad de tiempo y dinero para ver si la cara oculta de la luna tiene un cráter más o menos, lo podríamos haber usado en ver si descubrimos de una vez cómo aprovechar lo que tenemos en este planeta.
Las corrientes marinas, por ejemplo. El día que aprovechemos una pequeña parte de la energía que mueven las corrientes marinas, no volveremos a depender de ninguna otra fuente de energía. Pero estudiar en laboratorios oscuros, sumergidos a veces, no luce la mitad que un viaje espacial.
No teníamos que haber ido tan lejos para encontrar retos que afrontar
A veces, las cosas, cuanto más inútiles son, más llaman la atención. Concretar la forma de evitar que un par de tarados con mala leche puedan matar impunemente a miles y miles de personas sería otra misión prioritaria. Ver de cómo se reparte de forma justa la inmensa capacidad de este planeta para generar alimentos para todos podría haber sido otro objetivo loable. Eliminar las diferencias abismales entre la riqueza obscena y la miseria total también parece una buena misión. Conseguir que nadie hable en el vagón del silencio, otro proyecto ambicioso para el ser humano. Posarnos sobre un mundo justo y cívico, basado en el respeto de unos a otros no estaría nada mal como horizonte de la humanidad.
Son objetivos que se nos antojan de superior prioridad a eso de darse una vuelta por la nada, para ver cómo es la nada. Cuando aquí tenemos el todo por hacer.
Puestos a descubrir, podríamos haber empezado por descubrir África, por ejemplo. Quien crea que ya sabemos todo de este vecino, solo tiene que leer el formativo trabajo de Aurelio Martínez que hoy publicamos, para darse cuenta de que nuestro futuro está más en descubrir África que en la luna. Concretar sus riquezas, destapar sus misterios, ordenar sus desórdenes, observar su evolución... nos llevará a un mundo nuevo de añadidas relaciones comerciales, nuevos mercados, alianzas y perspectivas de desarrollo.
La clave para que este gigantesco y apasionante vecino pueda ponerse de pie está en que lo que se ha gastado en dar una vuelta a la luna se ahorre fomentando la paz total en África.
La primera potencia que ponga un pie en África para acompañarla en su desarrollo y no para pisarle el cuello, descubrirá ese nuevo mundo de opciones de éxito. Sin ir tan lejos. No nos hace falta conocer el lado oculto de la luna. Siempre hemos sabido lo que hay en él: uno de los mejores discos de Pink Floyd.