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Sin curvas

No hay como salir de tu confortable realidad para encontrar opiniones distintas ante realidades que a priori podrían ser similares. Porque aunque todos tenemos la certeza absoluta de que nuestra opinión es la válida, la reputada, la eficiente, la buena... de repente, nos damos de bruces con que otros, ante lo mismo, ven otras verdades.

  • Última actualización
    28 septiembre 2018 14:08

He tenido la suerte de poder escaparme este año a la costa oeste de Estados Unidos para disfrutar de unas cansadas vacaciones (para qué engañarnos, si estás de vacaciones y quieres aprovecharlas toca madrugar y apurar la estancia en todos los pueblos y ciudades que se visitan). Centro mi expedición a los estados de California, Arizona, Nevada y Utah, zonas con amplios parajes desérticos que el cambio climático, ese que muchos presidentes de gobierno dicen que no existe, tiñe de verde en pleno verano. Increíble y doloroso para los habitantes de las áreas afectadas que no saben muy bien cómo enfrentarse a las lluvias casi monzónicas que les sorprenden y arrasan. Durante mi viaje, y tras recorrer unos 5.000 kilómetros en dos semanas por las carreteras estadounidenses, se me plantean muchos interrogantes. El primero y quizás más español, por aquello del apego que tenemos a los nuestros, ¿cómo pueden conciliar la vida laboral y familiar los que trabajan en un país donde las distancias son tan eternas? Hablamos de 400 millas entre poblaciones y, entre ellas, nada de nada. Desierto y algunas granjas perdidas. Lo de vivir como en "Giro al Infierno", de Oliver Stone, no es tan ficción como podría pensarse, se vive así de verdad.Los viajes de los profesionales del camión se convierten en salidas de semanas, de meses. De las horas de conducción me sorprendió que se pudieran superar las 10 horas con paradas de 20 minutos y no más de hora y media para comer. ¿Será igual en el transporte de mercancías? No lo sé. Lo que está claro es que el esfuerzo físico de la profesión es una realidad. ¿Estará bien pagado? Por otro lado, teniendo en cuenta que la legislación varía de uno a otro estado del país, el transportista debe tener claro a dónde va y cuáles son las condiciones de la expedición porque podría quedarse varado en algún aparcamiento esperando la autorización de uno u otro condado. La ley del Oeste en estado puro. Además hay básculas en los accesos a cada estado y si no se pesa lo que se debe pesar... problema a la vista.En cuanto a las carreteras poco puedo decir más que son rectas, muy rectas, y que hay las imprescindibles gracias a su mentalidad capitalista y práctica. Como país conquistado y consolidado a base de inversiones privadas y acciones individuales, no se concibe la idea de hacer más de lo urgente ni exigir más impuestos de los necesarios. ¿Por qué dar servicio a pueblos que no dan dinero? Se quedan sin carretera, viaducto o estación y ya verán lo que hacen los vecinos. Es decir, que se trasladen. Que se busquen la vida. Y lo más fuerte, lo ven normal. Y frente a la vorágine del motor, sustentada con precios de risa en los combustibles fósiles y en la compra-venta de vehículos de segunda mano, nos encontramos el movimiento, al menos en algunas ciudades como Los Ángeles o San Francisco, de que hay que reducir la contaminación. Green city. El sentimiento está, la certeza de que es lo más correcto también, pero si toca el bolsillo... mejor que lo haga otro. De los trenes con cuatro locomotoras y contenedores en doble altura, mejor hablamos en otra ocasión. Sólo diré una cosa, fue divertido intentar contar los contenedores que arrastraba uno de estos convoyes, al llegar a 58 me perdí... todavía quedaban muchos por contar...